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martes, 8 de febrero de 2011

la auténtica transformación espiritual no es un proceso sicológico



La auténtica transformación espiritual o mística no es un proceso sicológico. Las enseñanzas místicas van más profundo que eso – se refieren a la naturaleza de la conciencia y la estructura de nuestros interiores más profundos. No son simples principios sicológicos útiles y prácticas inventadas por la mente humana; nos indican el camino hacia el descubrimiento de leyes naturales o inherentes que se vuelven aparentes para quienquiera que despierte a las dimensiones más profundas y sutiles del interior del cosmos. Toda enseñanza auténtica que provenga de una inspiración mística está realmente describiendo principios, estructuras y leyes que ya existen en tu más profundo interior, que es el interior del cosmos en evolución en que vivimos. La mayoría de las personas no se despiertan de una manera en la que son capaces de percibir estas leyes sutiles o estructuras, por lo que cuando escuchan estas enseñanzas místicas, las interpretan como un mandato o instrucciones. Y pueden ser utilizadas de ese modo. Pero lo que realmente representan es una dimensión más profunda y sutil de la realidad misma. Y cuando comienzas a mirar las enseñanzas místicas o iluminas como leyes y estructuras sutiles que ya existen, tu relación con ellas cambia significativamente. Te das cuenta de que si realmente se trata de leyes o estructuras, más que ideas con que alguien aparece, entonces representan una verdad absoluta, y si hay algo de integridad en tu ser y en tu alma, vas a tener que aceptarlas. Entonces estos principios se convierten en el camino y tú caminas en línea recta. Y ves como el desarrollo va ocurriendo.

Si te adhieres a ellos, no puedes equivocarte.

sábado, 5 de febrero de 2011

debes buscar hasta que encuentres




Debes buscar hasta que encuentres. Sólo cuando encuentras lo que has estado buscando vas a poder dejar verdaderamente de buscarlo. Energéticamente, es mejor no parar de buscar hasta entonces. Es imperativo que no dejes de buscar hasta que hayas alcanzado el objetivo de la Iluminación. No te permitas detenerte hasta que hayas llegado al final absoluto de toda búsqueda. Sólo cuando hayas llegado a casa para siempre y sepas sin ninguna duda de que todo terminó puedes permitirte parar.

viernes, 4 de febrero de 2011

deseoso de cometer errores




La evolución es un proceso desordenado. Entonces quien quiera realmente hacer el esfuerzo de alcanzar algo nuevo va a tener que estar deseoso de cometer errores, tomar caminos equivocados, incluso fracasar, pero nunca rendirse. La simple verdad es esta: si no fracasar es más importante para ti que tener un genuino éxito, nunca lo vas a lograr. Si realmente quieres tener éxito, tienes que tener un gran corazón, voluntad heroica, tenacidad, valor y compromiso para comprometerte ferozmente con el proceso evolucionario hasta que algo profundo, misterioso y extraordinario suceda que no pueda ser deshecho.

jueves, 3 de febrero de 2011

todavía no estoy listo; necesito más tiempo




El ego siempre necesita más tiempo. El perenne estribillo del ego frente al llamado del Absoluto es: "Todavía no estoy listo; necesito más tiempo". Y siempre suena tan razonable... desde una perspectiva relativa. Ahora bien, desde una perspectiva absoluta no hay tiempo. Y el llamado del espíritu, el llamado del Verdadero Ser —el mandato de evolucionar hacia un estado superior de conciencia viene de una dimensión absoluta donde el tiempo no existe. Una vez más, el Absoluto nunca escucha los alegatos del ego. Su incesante estribillo es: "Cada momento que titubeas, te mantienes alejado de mí". Su constante demanda es siempre: "¡Ahora!" y el ego sigue insistiendo: "No, no estoy listo". Éste es el drama espiritual que se ha representado entre el hombre y Dios desde hace miles de años; entre el sentido individual del yo y el llamado del Absoluto. En total, la vida espiritual consiste en entregarse incondicionalmente a ese llamado, y esto significa el final del tiempo, el final de tu tiempo. En esto consiste el drama espiritual, en la dinámica tensión entre las inacabables excusas del ego y el llamado del Absoluto a la sumisión incondicional.

domingo, 13 de junio de 2010

dejar de lado la lucha




La mayoría de las personas se halla extraviada en lo que parece ser una incesante lucha y esfuerzo. Una lucha en contra de la experiencia del pensamiento. Una lucha en contra de los sentimientos que surgen. Una lucha en contra del movimiento del tiempo. Esto parece seguir continuamente. Puede que haya interrupciones momentáneas, breves instantes en que uno experimenta cierto alivio, pero esto generalmente no se prolonga por mucho tiempo, y luego la lucha se reinicia nuevamente.

Si podemos aprender a dejar de lado la lucha, descubriremos una libertad natural e inherente que ha estado allí desde siempre. Una parte considerable de la práctica espiritual guarda relación con aprender a dejar de luchar. Cuando hablo de dejar la lucha de lado, me refiero a estar dispuesto a soltar la relación rígida, temerosa y encapsulada en nosotros mismos que establecemos con nuestra experiencia. Esto requiere de mucho valor. A pesar del hecho de que muchas personas aseguran que desean liberarse, cuando de hecho se les da la oportunidad de dejar de luchar, la mayoría de las veces no desean hacerlo. No desean hacerlo, puesto que la lucha, por desagradable, dolorosa y limitante que sea, al menos proporciona un refugio seguro, un terreno conocido desde el cual funcionar. Se trata de ese lugar desde el cual uno siempre se reconoce a sí mismo.

Si estamos de verdad preparados para dejar ir la lucha, si estamos preparados para dejar de luchar de la forma en que hemos estado acostumbrados a hacerlo, debemos comenzar a hacer espacio para aquello que no sabemos. Debemos hacer espacio para aquello que no sabemos en relación a nuestra experiencia interna, y también en relación a nuestras vidas externas. Descubrimos el secreto de la Liberación al aprender experiencialmente lo que significa dejar de luchar. Y una vez que hemos experimentado lo que significa no luchar -aún si esto ha ocurrido por un breve instante-, debemos hallar el valor necesario para poner eso en práctica en la forma en que vivimos.
Descubrir la disposición a dejar de luchar es uno de los aspectos más difíciles de la práctica espiritual. Claramente. parece ser muy difícil para la mayoría de las personas captar la sutileza inherente a dejar de luchar, hasta el punto en que se transforme en un estado natural. Eso sólo puede ocurrir si es lo que deseas más que ninguna otra cosa en la vida.

Si se desea descubrir lo que significa dejar de luchar, uno debe estar dispuesto, en primer lugar, a examinar muy de cerca los motivos por los cuales uno lucha. No sólo luchamos por aferrarnos a sentimientos de éxtasis, recuerdos felices y experiencias gratas, sino que también lo hacemos para aferrarnos al temor, la morbosidad y la infelicidad. Luchamos por aferrarnos a lo que es placentero y también lo hacemos para aferrarnos a lo que es doloroso. Esta es una forma ciega, mecánica y muy condicionada de aferrarse a aquello que es familiar.

Lo que resulta revelador es que, cuando tenemos la suerte suficiente para experimentar lo que es no aferrarse, aún si la experiencia es positiva, casi siempre nos sentimos amenazados por sus implicancias. Cuando finalmente dejamos de luchar, lo que descubrimos es una profundidad desconocida. Dejar de luchar y experimentar esa profundidad es, muy frecuentemente, algo percibido como inspirador y tremendamente significativo, pero un estado demasiado demandante como para pensar en vivir toda nuestra vida en él.

Una de las revelaciones más impactantes que se presentan en la práctica espiritual genuina es descubrir cuán profundo es nuestro apego a lo conocido, y cuán escasa es nuestra real disposición a internarnos en lo desconocido. Es en esta revelación que vemos por nosotros mismos que el acto mismo de luchar, aún siendo desagradable, nos permite permanecer en un territorio que se presenta como básicamente seguro y protegido, puesto que es conocido.

Si somos sinceros en nuestro deseo de dejar de luchar, debemos interesarnos más y más en apegarnos a ninguna otra cosa que al logro perfecto de la libertad. La libertad significa paz, término, alegría y éxtasis. Realmente descansaremos cuando alcancemos ese punto en nuestra evolución como seres humanos, en el que finalmente estamos preparados a dejar de luchar y realmente dispuestos a internarnos en lo desconocido. Todo cambiará. Todo nuestro mundo interno y nuestra relación con la vida como un todo se pondrá patas arriba, simplemente porque estamos dispuestos a dejar de lado la lucha para siempre.

Pero hay más. Si tenemos suerte, la paz que hemos hallado al dejar de luchar no se transforma en un nuevo refugio seguro, otro punto de referencia estático. Se transforma, más bien, en aquello que nos da el valor para sumergirnos entusiastamente en la experiencia de estar intensamente vivos. Es muy importante comprender que hacer esto por entero significa más que un mero abandono de la lucha. Hacerlo por entero significa esto porque hemos dejado de luchar, y somos finalmente capaces de sumergirnos enteramente en la experiencia de la vida ¿Por qué? Porque hemos soltado todos los apegos a conceptos estáticos respecto a la paz y al descanso, y hemos descubierto una disposición a luchar de un modo enteramente nuevo. De hecho, para nuestra sorpresa descubrimos que experimentamos una atracción a luchar de un modo que no nos mantiene atados, sino que literalmente prende fuego al mundo.

El descubrimiento de esta disposición aclara algo que destroza todas nuestras ideas acerca del Despertar o la Iluminación: la Liberación final es hallada en mayor grado a través de interesarnos más en la vida misma que en librarnos de ella.