lunes, 7 de diciembre de 2009

breviario de gurdjieff a su hija



· Fija tu atención en ti mismo, se consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.

· Termina siempre lo que comenzaste.

· Haz lo que estas haciendo lo mejor posible.

· No te encadenes a nada que a la larga te destruya.

· Desarrolla tu generosidad sin testigos.

· Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.

· Ordena lo que has desordenado.

· Cesa de autodefinirte.

· No mientas, ni robes, si lo haces te mientes y robas a ti mismo.

· Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.

· No desees ser imitado.

· No ocupes demasiado espacio.

· No hagas ruidos ni gestos innecesarios.

· Si no la tienes, imita la fe.

· No te dejes impresionar por personalidades fuertes.

· No te apropies de nada ni nadie.

· Reparte equitativamente.

· No seduzcas.

· Come y duerme lo necesario.

· No hables de tus problemas personales.

· No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.

· No establezcas amistades inútiles.

· No sigas modas.

· Respeta los contratos que has firmado.

· Sé puntual.

· No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.

· Haz solo lo necesario.

· No pienses en los beneficios que te va procurar tu obra.

· No amenaces.

· En una discusión ponte en lugar de otro.

· Admite que alguien te supere.

· Realiza tus promesas.

· No elimines, transforma.

· Vence tus miedos, tras ellos hay deseos camuflados.

· Ayuda a otro a ayudarse a sí mismo.

· Vence las antipatías y acércate a personas que deseas rechazar.

· No actúes por reacción a lo que te digan bueno o malo de ti.

· Transforma tu orgullo en dignidad.

· Transforma tu cólera en creatividad.

· Transforma tu envidia en admiración por los valores de otro.

· No te alabes ni te insultes.

· No te quejes.

· Desarrolla tu imaginación.

· No des ordenes por el placer de ser obedecido.

· Paga los servicios que te dan.

· No hagas propaganda de tus obras.

· No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, simpatía, complicidad.

· No trates de distinguirte por tu apariencia.

· No contradigas, calla.

· Si ofendes a alguien pídele perdón.

· No te adornes con ideas ajenas.

· No conserves objetos inútiles.

· No te definas por lo que posees.

· No olvides a tus muertos pero dales un sitio limitado que les impida invadir tu vida....



gurdjieff


domingo, 6 de diciembre de 2009

monumento al mar



Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.

He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas

He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.

Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas
manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Levántate y saluda el amor de los hombres

Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.

También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí

Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.

Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros

Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras

He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados

He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte



vicente huidobro

sábado, 5 de diciembre de 2009

altazor, prefacio



Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.


vicente huidobro

viernes, 4 de diciembre de 2009

adelante el sendero se abre en abanico



A los que amo y me aman
sin dependencia.
A los que no temen que los caminos nos separen
porque saben de los rencuentros.
A los que quieren ser felices...
a pesar de todo.

Adelante el sendero se abre en abanico.
Por lo menos cinco rumbos diferentes se me ofrecen.
Ninguno pretende ser el elegido, sólo están allí.
Un anciano está sentado sobre una piedra, en la encrucijada.
Me animo a preguntar:
-¿En qué dirección, anciano?
-Depende de lo que busques —me contesta sin moverse.
-Quiero ser feliz —le digo.
-Cualquiera de estos caminos te puede llevar en esa dirección.
Me sorprendo:
-Entonces... ¿da lo mismo?
-No.
-Tú dijiste...
-No. Yo no dije que cualquiera te llevaría; dije que cualquiera puede ser el que te lleve.
-No entiendo.
-Te llevará el que elijas, si eliges correctamente.
-¿Y cuál es el camino correcto?
El anciano se queda en silencio.
Comprendo que no hay respuesta a mi pregunta.
Decido cambiarla por otras:
-¿Cómo podré elegir con sabiduría? ¿Qué debo hacer para no equivocarme?
Esta vez el anciano contesta:
-No preguntes... No preguntes.
Allí están los caminos.

Sé que es una decisión importante. No puedo equivocarme...
El cochero me habla al oído, propone el sendero de la derecha.
Los caballos parecen querer tomar el escarpado camino de la izquierda.
El carruaje tiende a deslizarse en pendiente, recto, hacia el frente.
Y yo, el pasajero, creo que sería mejor tomar el pequeño caminito elevado del costado.
Todos somos uno y, sin embargo, estamos en problemas.
Un instante después veo cómo, muy despacio, por primera vez con tanta claridad, el
cochero, el carruaje y los caballos se funden en mí.
También el anciano deja de ser y se suma, se agregan los caminos recorridos hasta aquí
y cada una de las personas que conocí.
No soy nada de eso, pero lo incluyo todo.
Soy yo el que ahora, completo, debe decidir el camino.
Me siento en el lugar que ocupaba el anciano y me tomo un tiempo, simplemente el
tiempo que necesito para tomar esa decisión.
Sin urgencias. No quiero adivinar, quiero elegir.
Llueve.
Me doy cuenta de que no me gusta cuando llueve.
Tampoco me gustaría que no lloviera nunca.
Parece que quiero que llueva solamente cuando tengo ganas.
Y, sin embargo, no estoy muy seguro de querer verdaderamente eso.

Creo que sólo asisto a mi fastidio, como si no fuera mío, como si yo no tuviera nada que
ver.
De hecho no tengo nada que ver con la lluvia.
Pero es mío el fastidio, es mía la no aceptación, soy yo el que está molesto.
¿Es por mojarme?
No.
Estoy molesto porque me molesta la lluvia.
Llueve...
¿Debería apurarme?
No,
Más adelante también llueve.
Qué importa si las gotas me mojan un poco, importa el camino.
No importa llegar, importa el camino.
En realidad nada importa, sólo el camino.


jorge bucay

jueves, 3 de diciembre de 2009

el guerrero ama




Es tiempo de amar. Comparte la alegría de la Vida con los que te rodean. Acaricia el lomo arqueado de tu gato. Abraza a tus amigos, a tu hermano. Besa a tus padres, que te regalaron con la vida. Haz el amor a tu mujer. Siente tu corazón desnudo, embriagado por el gozo de la libertad que da el Amor. Siéntelo palpitante, sensible a la vida. Libera los nudos.

Que tu corazón escuche el susurro del Universo girando lentamente. Abre tus canales de percepción y conéctate con el Altísimo. Junta tus palmas e inclínate.



lucas estrella schultz

miércoles, 2 de diciembre de 2009

hakuin y el niño pequeño



Siente continuamente algo dentro de ti que es igual, pase lo que pase en la periferia. Cuando alguien te insulte, céntrate en el punto donde sólo le escuchas, sin hacer nada, sin reaccionar, simplemente escucha. Te está insultando. Y después alguien te alaba; simplemente escucha. Insulto-alabanza, honor-deshonor, simplemente escucha. Tu periferia se alterará. Obsérvalo, no trates de cambiarlo. Míralo; permanece profundamente centrado, mirando desde allí. Así lograrás un desapego que no es forzado, un desapego espontáneo, natural. Y una vez que percibas ese desapego espontáneo, nada podrá alterarte.

En el pueblo donde vivía el gran maestro zen Hakuin, una muchacha se quedó embarazada. Su padre le presionó para que declarara quién era su amante y, al final, para huir del castigo, ella dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando llegó el momento y el niño nació, se lo llevó inmediatamente a Hakuin y lo tiró al suelo ante él. —Parece que se trata de tu hijo —dijo, y se puso a insultarle por aquel asunto tan desgraciado.

—Ah, ¿es así? —respondió Hakuin. Tomó al retoño en sus brazos. A partir de entonces, donde quiera que iba llevaba al niño consigo, envuelto en la manga de su túnica. Durante los días lluviosos y las noches tormentosas salía a mendigar leche por las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándolo caído, le daba la espalda y se iban. Y Hakuin no decía palabra.

Entre tanto, la madre se dio cuenta de que no podía soportar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó el nombre del verdadero padre y su propio padre corrió a postrarse a los pies de Hakuin, implorándole una y otra vez que le perdonara. Hakuin sólo dijo: —Ah, ¿es así? —y le devolvió al niño.

Para el hombre ordinario lo que dicen los demás importa demasiado porque no tiene nada propio. Lo que piensa que es, sólo es una colección de opiniones de otros. Alguien le ha dicho: «Eres precioso», otra persona le ha dicho: «Eres inteligente», y ha ido coleccionando todas esas frases. Por lo tanto siempre tiene miedo: no debe comportarse de tal manera que pierda su reputación, su respetabilidad. Siempre tiene miedo de la opinión pública, de lo que dicen los demás, porque lo único que sabe de sí mismo es lo que le dicen los demás. Si lo retiran, le dejan desnudo. Entonces ya no sabe quién es, si es feo o guapo, inteligente o tonto. No tiene ni una vaga idea de su propio ser; depende de los demás.

Pero el hombre que está en meditación no necesita las opiniones de los demás. Se conoce a sí mismo, por eso no importa lo que digan. Aunque todo el mundo diga algo que va en contra de su experiencia, simplemente se reirá. Esa puede ser, como mucho, la única respuesta. Pero no va a dar ningún paso para cambiar la opinión de la gente. ¿Quiénes son ellos? Ni siquiera se conocen a sí mismos y están tratando de ponerle etiquetas. Rechazará las etiquetas. Simplemente dirá: «Soy lo que soy, y así es como voy a ser».

el desapego, tarot osho zen

martes, 1 de diciembre de 2009

teru no uta



Yuuyami semaru kumo no ue itsumo ichiwa de tonde iru
Taka wa kitto kanashikarou
Oto mo todaeta kaze no naka sora wo tsukanda sono tsubasa
Yasumeru koto wa dekinakute

Kokoro wo nani ni tatoeyou taka no youna kono kokoro
Kokoro wo nani ni tatoeyou sora wo mau youna kanashisa wo

Ame no sobo furu iwakege ni itsumo chiisaku saite iru
Hana wa kitto setsunakarou
Iro mo kasunda ame no naka usumomo iro no hanabira wo
Medete kureru te mo nakute

Kokoro wo nani ni tatoeyou hana no youna kono kokoro
Kokoro wo nani ni tatoeyou ame ni utareru setsunasa wo

Hitokage taeta no no michi wo watashi to tomo ni ayunderu
Anata mo kitto samishikarou
Mushi no sasayaku kusahara wo tomo ni michiyuku hito dakedo
Taete mono iu koto mo naku

Kokoro wo nani ni tatoeyou hitori michiyuku kono kokoro
Kokoro wo nani ni tatoeyou hitori bocchi no samishisa wo




Lejos, lejos por encima de las nubes
contra la puesta de sol
Un halcón vuela solo
planeando en el viento
Escucho su solitario llanto
qué triste ha de estar
Recorriendo el silencioso viento
un halcón vuela solo
Acercándose con sus alas
abraza el vacío cielo
Recorriendo el silencioso viento
jamás logra descansar


Lo que está inmerso en mi corazón
nadie lo sabrá jamás
Un corazón como del halcón
es un corazón puro
Lo que está inmerso en mi corazón
nadie lo sabrá jamás


Solitario halcón
en el vacío cielo.
Camino solitaria por los
desérticos caminos campestres
Caminando conmigo, a mi lado
siempre estás ahí
Siento tu tristeza
triste has de ser
Grillos susurrando
en las verdes praderas
Caminas junto a mí
recorres el sendero junto a mí
Pero jamás dices ni una palabra
jamás hablas


Lo que está inmerso en mi corazón
nadie lo sabrá jamás
Aquí dentro de este corazón
que recorre su sendero solo
Lo que está inmerso en mi corazón
nadie lo sabrá jamás

La tristeza de aquel
que siempre está solo



gedo senki, goro miyasaky