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martes, 8 de noviembre de 2011

la esposa y el esposo salvajes



La séptima fase: La esposa y el esposo salvajes

Cuando regresa el rey, éste y su madre comprenden que el demonio ha saboteado sus mensajes. El rey decide someterse a una purificación: dejar de comer y beber y viajar hasta donde alcanza la vista para encontrar a la doncella y a su hijo. La búsqueda dura siete años. Se le ennegrecen las manos, su barba adquiere un mohoso color pardo como el del musgo, sus ojos están resecos y enrojecidos. Durante todo este tiempo no come ni bebe, pero una fuerza superior a él lo ayuda a vivir.
Al final, llega a la posada regentada por los habitantes del bosque. Allí lo cubren con un velo, se queda dormido y, al despertar, ve que una bella mujer y un precioso niño lo están mirando.
-Soy tu esposa y éste es tu hijo -le dice la joven reina.
El rey está dispuesto a creerla, pero ve que la doncella tiene manos.
-Por mis sufrimientos y mis desvelos, me han vuelto a crecer las manos -añade ella.
Y entonces la mujer vestida de blanco saca las manos de plata del arca donde se conservaban como un tesoro. Se celebra una fiesta espiritual. El rey, la reina y su hijo regresan junto a la madre del rey y celebran una segunda boda.
Aquí, al final del cuento, la mujer que ha efectuado este continuado descenso consigue reunir una sólida cuaternidad de poderes espirituales: el animus del rey, el Yo-hijo, la vieja Madre Salvaje y la doncella iniciada. Se ha lavado y purificado muchas veces. La aspiración de su ego a una vida segura ya no lleva la voz cantante. Ahora la guía de la psique es esta cuaternidad.
La reunión definitiva se debe al sufrimiento y a los vagabundeos del rey. ¿Por qué éste, que es el rey del mundo subterráneo, tiene que vagar sin rumbo? ¿Acaso no es el rey? Bueno, la verdad es que los reyes también tienen que llevar a cabo una tarea psíquica, incluso los reyes arquetípicos. El cuento encierra una antigua idea extremadamente críptica, según la cual, cuando cambia una fuerza de la psique, las demás también tienen que cambiar. Aquí la doncella ya no es la mujer con quien él se casó, ya no es la frágil alma sin rumbo. Ahora ya ha sido iniciada, se conoce y conoce sus reacciones femeninas ante todas las cuestiones. Ahora, gracias a los cuentos y los consejos de la vieja Madre Salvaje, ha adquirido sabiduría.
Por consiguiente, el rey no tiene más remedio que desarrollarse. En cierto modo, este rey se queda en el mundo subterráneo, pero, como representación del animus, simboliza la adaptación de la mujer a la vida colectiva y lleva al mundo de arriba o a la sociedad exterior las ideas dominantes que ella ha aprendido durante su viaje. Pero aún no ha pasado por la misma experiencia que su mujer y tiene que hacerlo para poder trasladar al mundo exterior lo que ella es y lo que ella sabe.
Cuando la vieja Madre Salvaje le comunica que el demonio lo ha engañado, el rey se sumerge en su propia transformación y vaga sin rumbo hasta encontrar lo que busca, tal como anteriormente había hecho la doncella. Él no ha perdido las manos sino a su reina y a su hijo. El animus sigue por tanto un camino muy similar al de la doncella.
Esta repetición empática reorganiza la manera de estar la mujer en el mundo. Reorientar el animus de esta forma es iniciarlo e integrarlo en la tarea personal de la mujer. Puede que éste fuera el origen de la presencia de iniciados en los ritos esencialmente femeninos de Eleusis; los hombres asumían las tareas y los sufrimientos del aprendizaje femenino para encontrar a sus reinas psíquicas y a sus vástagos psíquicos. El animus emprende sus siete años de iniciación. De este modo, todo lo que la mujer ha aprendido no sólo quedará reflejado en su alma interior sino que también quedará inscrito en ella y se llevará exteriormente a la práctica.
Por consiguiente, el rey vaga por la selva de la iniciación y aquí volvemos a tener la impresión de que faltan otros siete episodios: las siete fases de la iniciación del animus. Pero nos quedan algunos fragmentos cuyos detalles podemos extrapolar. Una de las claves es el hecho de que el rey se pasa siete años sin comer y, sin embargo, algo lo sostiene. El hecho de no alimentarse es el símbolo de la tarea de rebuscar bajo nuestros impulsos y apetitos para descubrir el significado más profundo que se oculta detrás y debajo de ellos. La iniciación del rey es el símbolo de la profundización en la comprensión de los apetitos, no sólo del apetito sexual sino también de los demás. Es el símbolo del aprendizaje del valor y el equilibrio de los ciclos que sostienen la esperanza y la felicidad humanas.
Además, puesto que el rey es el animus, la búsqueda que emprende sugiere el afán de encontrar -cueste lo que cueste y a pesar de los impedimentos- en el interior de la psique lo femenino plenamente iniciado. En tercer lugar, su iniciación en el yo salvaje cuando adquiere la naturaleza animal durante siete años y no se baña durante siete años tiene la finalidad de librarlo de todas las capas de quitina exageradamente civilizadora que se han acumulado sobre su persona. El animus está llevando a cabo una dura tarea con vistas a su presentación y actuación en la vida cotidiana, de acuerdo con el Yo-hijo de la mujer recién iniciada.
La frase del cuento en la que se dice que el rostro del rey se cubre con el velo mientras duerme es probablemente otro vestigio de los antiguos ritos mistéricos. Hay en Grecia una hermosa escultura que lo representa: un iniciado cubierto con un velo que inclina la cabeza como si estuviera descansando o esperando el sueño. Ahora comprendemos que el animus no puede actuar por debajo del nivel de conocimientos de la mujer, so pena de que ésta vuelva a dividirse entre lo que siente y sabe interiormente y la manera en que, por medio de su animus, se comporta por fuera. De ahí la necesidad de que el animus vague sin rumbo por la selva con su naturaleza masculina.
No es de extrañar que tanto la doncella como el rey se vean obligados a caminar por los territorios psíquicos en los que tienen lugar semejantes procesos, pues éstos sólo pueden aprenderse en la naturaleza salvaje, junto a la piel de la Mujer Salvaje. Es normal que la mujer iniciada descubra que su amor subterráneo por la naturaleza salvaje aflora a la superficie de su vida en el mundo de arriba. Psíquicamente está envuelta en el aroma del fuego de leña. Es normal que empiece a comportarse aquí de acuerdo con lo que ha aprendido allí.
Una de las características más sorprendentes es el hecho de que la mujer que está pasando por este proceso sigue haciendo todo lo que habitualmente hacía en la vida exterior: amando a sus amantes; dando a luz a sus hijos; persiguiendo a los hijos; persiguiendo el arte; persiguiendo palabras; llevando comida, pinturas, maderas; peleándose por esto o por aquello; enterrando a los muertos; cumpliendo todas las tareas cotidianas mientras realiza su profundo y lejano viaje.
Al llegar a este punto, la mujer suele debatirse entre dos direcciones contrarias, pues de pronto experimenta el impulso de vadear la selva como si ésta fuera un río y de nadar por la hierba, trepar a lo alto de un peñasco y sentarse de cara al viento. Es un momento en que un reloj interior da una hora que obliga a la mujer a experimentar la súbita necesidad de un ciclo que pueda considerar suyo, de un árbol cuyo tronco pueda rodear con sus brazos, de una roca contra la que pueda apoyar la mejilla. Pero tiene que seguir viviendo también su vida de arriba.
Hay que decir en su honor que, por más que muchas veces lo desee, la mujer no sube a su coche y se echa a la carretera en dirección al ocaso. Por lo menos, no con carácter permanente, pues esta vida exterior es precisamente la que ejerce en ella la cantidad de presión necesaria para que pueda seguir adelante con las tareas del mundo subterráneo. Durante este período es mejor permanecer en el mundo que abandonarlo, pues la tensión es más beneficiosa y da lugar a una valiosa vida profundamente distinta que no se podría conseguir de ninguna otra manera.
Vemos por tanto al animus en pleno proceso de transformación, preparándose para ser un digno compañero de la doncella y el Yo-hijo. Al final han conseguido reencontrarse y regresan junto a la anciana madre, la madre sabia, la que lo soporta todo, la que ayuda con su ingenio y su sabiduría. Y los tres se reúnen y se quieren.
El intento de lo demoníaco de apoderarse del alma ha fracasado irremisiblemente. La resistencia del alma se ha enfrentado a la prueba y la ha superado. La mujer pasa por este ciclo una vez cada siete años, la primera vez muy débilmente, una vez por lo menos con gran esfuerzo y más tarde de una manera más bien rememorativa o renovadora. Ahora vamos a descansar un poco y a contemplar este exuberante panorama de la iniciación femenina y sus correspondientes tareas. Una vez superado el ciclo, podemos elegir cualquiera de las tareas o todas ellas para renovar nuestra vida en cualquier momento y por cualquier motivo. He aquí algunas:

• Abandonar a los ancianos padres de la psique, descender al territorio psíquico desconocido, confiando en la buena voluntad de quienquiera que se cruce en nuestro camino.
• Vendar las heridas causadas por el desventajoso pacto que hicimos en algún momento de nuestra vida.
• Vagar psíquicamente hambrientas y confiar en que la naturaleza nos alimente.
• Encontrar a la Madre Salvaje y su auxilio.
• Establecer contacto con el protector animus del mundo subterráneo.
• Conversar con el psicopompo (el mago).
• Contemplar los antiguos vergeles (formas enérgicas) de lo femenino.
• Incubar y dar a luz el Yo-hijo espiritual.
• Soportar la incomprensión, vernos apartadas una y otra vez del amor.
• Llenarnos de mugre, barro y suciedad.
• Permanecer siete años en el reino de los habitantes del bosque hasta que el niño alcance el uso de razón.
• Esperar.
• Regenerar la vista interior, la sabiduría interior, la curación interior de las manos.
• Seguir adelante aunque lo hayamos perdido todo excepto el hijo espiritual.
• Volver a encontrar y asir ávidamente la infancia, la adolescencia y la edad adulta.
• Reestructurar el animus como fuerza salvaje y natural; amarlo y que él nos ame a nosotras.
• Consumar el matrimonio salvaje en presencia de la vieja Madre Salvaje y del nuevo Yo-hijo.

El hecho de que tanto la doncella manca como el rey tengan que pasar por la misma iniciación de siete años de duración es el territorio común entre lo femenino y lo masculino y nos ayuda a comprender que, en lugar de antagonismo, puede haber entre estas dos fuerzas un profundo amor, sobre todo cuando éste se basa en la búsqueda del propio Yo.
"La doncella manca" es un cuento de la vida real acerca de nuestra condición de mujeres reales. No gira en torno a una parte de nuestra vida sino en torno a las fases de toda una vida. Enseña esencialmente que la misión de la mujer es vagar una y otra vez por el bosque. Nuestra psique y nuestra alma están específicamente preparadas para que podamos cruzar la tierra subterránea de la psique, deteniéndonos aquí y allá, escuchando la voz de la vieja Madre Salvaje, alimentándonos con los frutos del espíritu y reuniéndonos con todo y con todos los que amamos.
Cuesta estar con la Mujer Salvaje al principio. Curar el instinto herido, desterrar la ingenuidad y, con el tiempo, aprender a conocer los aspectos más profundos de la psique y el alma, retener lo que hemos aprendido, no apartarnos, manifestar claramente lo que representamos, todo eso exige una resistencia ilimitada y mística. Cuando ascendemos desde el mundo subterráneo tras haber llevado a cabo alguna de nuestras tareas, puede que por fuera no se note ningún cambio, aunque por dentro hayamos adquirido un carácter inmensa y femeninamente salvaje. A primera vista seguimos siendo amables, pero por debajo de la piel está clarísimo que ya no somos unas criaturas domesticadas.

lunes, 7 de noviembre de 2011

el reino de la mujer salvaje





La sexta fase: El reino de la Mujer Salvaje

La joven reina llega al bosque más inmenso y salvaje que jamás en su vida ha visto. No se distingue ningún sendero. Empieza a dar vueltas y se abre camino como puede. Hacia el anochecer el mismo espíritu vestido de blanco que previamente la había ayudado a cruzar el foso la guía hasta una humilde posada regentada por unos amables habitantes del bosque. Una mujer vestida de blanco la invita a entrar y la llama por su nombre. Cuando la joven reina le pregunta cómo es posible que conozca su nombre, la mujer vestida de blanco le contesta: "Nosotros los habitantes del bosque estamos al corriente de estas cosas, mi reina."
Así pues, la reina permanece siete años en la posada del bosque y es feliz con la vida que lleva en compañía de su hijo. Poco a poco las manos le vuelven a crecer, primero como unas manitas de niña y finalmente como las manos de una mujer adulta.
Pese a que este episodio es tratado muy brevemente en el cuento, de hecho es el más largo no sólo en cuanto al tiempo transcurrido sino también en relación con el cumplimiento de la tarea. La doncella ha vuelto a vagar sin rumbo y regresa en cierto sentido a casa, donde permanece siete años, separada de su esposo, eso sí, pero viviendo una experiencia enriquecedora y restauradora.
Su penoso estado ha vuelto a despertar la compasión de un espíritu vestido de blanco -ahora su espíritu guía- que la conduce a este hogar del bosque. Ésta es la infinita misericordia de la psique profunda durante el viaje de la mujer. Ésta siempre encuentra a alguien que la ayuda. Este espíritu que la guía y le ofrece cobijo pertenece a la Madre Salvaje y, como tal, es la psique instintiva que siempre sabe lo que ocurrirá después y lo que ocurrirá a continuación.
Este inmenso bosque salvaje con que se tropieza la doncella es la arquetípica sede sagrada de la iniciación. Es como Leuce, el bosque salvaje que según los antiguos griegos se encontraba en el mundo subterráneo, lleno de sagrados árboles ancestrales y de toda clase de animales tanto salvajes como domesticados. Aquí la doncella manca encuentra la paz durante siete años. Puesto que se trata de una tierra llena de árboles y ella está simbolizada por el manzano en flor, el bosque es finalmente su hogar, el lugar donde su ardiente alma florida vuelve a echar raíces.
¿Y quién es la mujer de la espesura del bosque que regenta la posada? Como el espíritu vestido con la resplandeciente túnica blanca, la mujer es un aspecto de la antigua diosa triple y, si el cuento contuviera todas las fases del relato inicial, habría también en la posada una bondadosa y esforzada anciana encargada de realizar alguna tarea. Pero este pasaje se ha perdido, como si el cuento fuera un manuscrito del que se hubieran arrancado algunas páginas. El elemento que falta se debió de suprimir probablemente durante alguna de las refriegas que se desencadenaron entre los defensores de la antigua religión natural y los de la nueva religión en torno a la cual se aglutinarían finalmente las creencias religiosas, dominantes. Pero los vestigios que nos quedan poseen una fuerza extraordinaria. El agua del cuento no sólo es profunda sino también cristalina.
Vemos a dos mujeres que, en el transcurso de siete años, llegan a conocerse muy bien. El espíritu vestido de blanco es como la telepática Baba Yagá de "Vasalisa", que es la representación de la vieja Madre Salvaje. Tal como le dice la Yagá a Vasalisa, aunque jamás la había visto antes, "Sí, conozco a tu gente", este espíritu femenino que desempeña el oficio de posadera en el mundo subterráneo ya conoce a la joven reina, pues es también la Santa que lo sabe todo.
Una vez más, el cuento se quiebra significativamente. No se hace la menor referencia a las tareas exactas y las enseñanzas de aquellos siete años, aparte de señalar que fueron tranquilas y revitalizadoras. Aunque podríamos decir que el cuento se quiebra porque las enseñanzas subyacentes de la antigua religión natural se solían mantener tradicionalmente en secreto y por este motivo no podían figurar en el relato, es mucho más probable que éste contenga otros siete aspectos, tareas o episodios, uno por cada año de aprendizaje que la doncella pasó en el bosque. Pero, un momento, recuerda que nada se pierde en la psique.
Podemos recordar y resucitar todo lo que ocurrió durante estos siete años a partir de los pequeños vestigios que conservamos de otras fuentes acerca de la iniciación femenina. La iniciación femenina es un arquetipo y, aunque un arquetipo presenta muchas variaciones, el núcleo es siempre el mismo. Por consiguiente, eso es todo lo que sabemos acerca de la iniciación a través de otros cuentos de hadas y mitos tanto orales como escritos.
La doncella se queda siete años en el bosque, pues éste es el período de una estación de la vida de la mujer. Siete es el número asignado a los ciclos lunares y es también el número de otros períodos de tiempo sagrados: los siete días de la creación, los siete días de la semana, etc. Pero más allá de todas estas consideraciones místicas, hay una mucho más importante y es la siguiente:
La vida de la mujer se divide en fases de siete años cada una. Cada período de siete años representa una serie de experiencias y enseñanzas. Estas fases pueden considerarse en concreto como períodos de desarrollo adulto, pero más todavía como fases de desarrollo espiritual que no tienen por qué corresponder necesariamente a la edad cronológica de la mujer, aunque a veces coincidan con ella.
Desde tiempo inmemorial la vida de las mujeres se ha dividido en fases, cada una de ellas relacionada con los poderes cambiantes de su cuerpo. La división en secuencias de la vida física, espiritual, emocional y creativa de la mujer es útil en el sentido de que le permite prepararse para "lo que vendrá a continuación". Lo que viene a continuación pertenece al ámbito de la Mujer Salvaje instintiva. Ella siempre lo sabe todo. Y, sin embargo, a lo largo del tiempo, a medida que se fueron perdiendo los antiguos ritos salvajes, la instrucción de las mujeres más jóvenes por parte de las mayores a propósito de estas fases inherentemente femeninas también se perdió.
La observación empírica de la inquietud, los anhelos, los cambios y el crecimiento de las mujeres saca de nuevo a la luz las antiguas pautas o fases de la profunda vida femenina. Aunque podemos dar nombres concretos a las fases, todas ellas son ciclos de cumplimiento, envejecimiento, muerte y nueva vida. Los siete años que pasa la doncella en el bosque le enseñan los detalles y los dramas relacionados con dichas fases. He aquí unos ciclos de siete años de duración cada uno, que abarcan toda la vida de la mujer. Cada uno tiene sus ritos y sus tareas. De nosotras depende cumplirlos. Los reproduzco sólo como una metáfora de la profundidad de la psique. Las edades y las fases de la vida femenina incluyen las tareas que hay que cumplir y las actitudes que hay que adoptar para afianzarse. Por ejemplo, si, según el siguiente esquema, vivimos hasta una edad suficiente como para entrar en el lugar psíquico y la fase de los seres de la niebla, el lugar en el que todos los pensamientos son tan nuevos como el día de mañana y tan viejos como la aurora de los tiempos, comprobaremos que estamos entrando en otra actitud, otra manera de ver, y que estamos llevando a cabo las tareas de la conciencia desde esta posición estratégica.
Las siguientes metáforas son fragmentos. Pero, con un número de metáforas lo suficientemente amplio, podernos construir -a través de lo que sabemos y lo que intuimos acerca de la antigua sabiduría- unas nuevas percepciones que no sólo son numinosas sino que, además, tienen sentido ahora mismo y en este día. Dichas metáforas están libremente inspiradas en la experiencia y la observación empírica, la psicología del desarrollo y los fenómenos presentes en los mitos de la creación, todos los cuales contienen muchos antiguos vestigios de psicología humana.
Las fases no tienen por qué estar inexorablemente atadas a la edad cronológica, pues algunas mujeres de ochenta años se encuentran todavía en la fase de desarrollo de la doncellez, algunas mujeres de cuarenta años se encuentran en el mundo psíquico de los seres de la bruma y algunas jóvenes de veinte años tienen tantas cicatrices de batallas como las viejas. Las edades no tienen que ser jerárquicas sino que simplemente pertenecen a la conciencia de la mujer y al incremento de su vida espiritual. Cada edad representa un cambio de actitud, un cambio de tareas y un cambio de valores.

0-7 edad de la socialización del cuerpo y del sueño, en la que todavía se conserva la imaginación
7-14 edad de separar y sin embargo entretejer la razón y la imaginación
14-21 edad del nuevo cuerpo/la joven doncellez/despliegue pero también función protectora de la sensualidad
21-28 edad del nuevo mundo/la nueva vida/la exploración de los mundos
28-35 edad de la madre que aprende a cuidar como una madre a los demás y a sí misma
35-42 edad de la búsqueda/aprendizaje del cuidado materno del yo/búsqueda del yo
42-49 edad del inicio de la madurez/hallazgo del campamento lejano/animación de las demás
49-56 edad del mundo subterráneo/aprendizaje de las palabras y los ritos
56-63 edad de la elección/elección del propio mundo y del trabajo que todavía queda por hacer
63-70 edad de la vigilancia/edad de la refundición de todo lo que se ha aprendido
70-77 edad del rejuvenecimiento/reafirmación de la vejez
77-84 edad de los seres de la bruma/descubrimiento de lo grande en lo pequeño
84-91 edad del tejido con hilo escarlata/comprensión del tejido de la vida
91-98 edad de lo etéreo/menos hablar y más existir
98-105 edad del neuma, el aliento
105+ edad de la eternidad

En muchas mujeres, la primera mitad de estas fases de la sabiduría femenina, digamos hacia los cuarenta años más o menos, va claramente desde el cuerpo real de las comprensiones infantiles instintivas a la sabiduría corporal de la madre profunda. Pero, en la segunda Mitad de las fases, el cuerpo se convierte casi por entero en un dispositivo de percepción interior y las mujeres adquieren una creciente sagacidad.
A medida que la mujer va transitando por todos estos ciclos, sus capas de defensa, protección y densidad se vuelven cada vez más finas hasta que se empieza a transparentar el alma. Podemos percibir y ver el movimiento del alma dentro de la psique corporal de una manera asombrosa conforme nos vamos haciendo mayores.
Por consiguiente, el siete es el número de la iniciación. En la psicología arquetípica hay literalmente docenas de referencias al símbolo del siete. Una referencia que me parece extremadamente valiosa para ayudar a las mujeres a diferenciar las tareas que tienen por delante y a establecer su situación actual en la selva subterránea corresponde a las facultades atribuidas antiguamente a los siete sentidos. Se creía que dichos atributos simbólicos pertenecían a todos los seres humanos y, al parecer, constituían una iniciación en el conocimiento del alma por medio de las metáforas y de los sistemas efectivos del cuerpo.
Por ejemplo, según las antiguas enseñanzas de los métodos de curación nahuas, los sentidos representan aspectos del alma o del "sagrado cuerpo interior" y se tienen que ejercitar y desarrollar. La tarea es demasiado larga como para que se pueda describir aquí, pero se decía que los sentidos eran siete y, por consiguiente, las áreas que se tenían que desarrollar también eran siete: la animación, el tacto, el lenguaje, el gusto, la vista, el oído y el olfato.
Se decía que cada sentido se encontraba bajo la influencia de una energía de los cielos. Aplicando todos estos conocimientos a la actualidad, diremos que, cuando las mujeres que trabajan en grupo hablan de estas cosas, las pueden describir, explorar y examinar utilizando las siguientes metáforas pertenecientes al mismo ritual, con el fin de escudriñar los misterios de los sentidos: el fuego anima, la tierra produce una sensación táctil, el agua otorga el habla, el aire concede el gusto, la bruma da la vista, las flores dan el oído, el viento del sur da el olfato.
Por el pequeño vestigio del antiguo rito de iniciación que se conserva en esta parte del cuento, especialmente la frase en la que se habla de los "siete años", deduzco que las fases de la vida de la mujer y otras cuestiones tales como los siete sentidos y otros ciclos y acontecimientos a los que tradicionalmente se atribuía el número siete, eran objeto de especial atención en la antigüedad y se incluían en la tarea de la iniciada. Un antiguo fragmento de un relato que me intriga enormemente procede de Cratynana, una anciana y querida cuentista suaba de nuestra numerosa familia, quien decía que antiguamente las mujeres tenían por costumbre irse a pasar varios años a un lugar de la montaña, de la misma manera que los hombres se pasaban mucho tiempo ausentes, prestando servicio en lejanos países en el ejército del rey.
Por consiguiente, en la fase del aprendizaje de la doncella en la espesura del bosque, se produce otro milagro. Las manos le empiezan a crecer poco a poco, primero como las de una niña. Eso tal vez representa que al principio su comprensión de todo lo ocurrido es imitativa, como lo es el comportamiento de un niño de pecho. Cuando las manos le crecen como las de una niña, la doncella adquiere una comprensión concreta pero no absoluta de todas las cosas. Cuando al final se convierten en unas manos de mujer adulta, ya posee una comprensión más práctica y profunda de lo no concreto, lo metafórico, el sagrado camino por el que ha estado transitando.
Cuando adquirimos un profundo conocimiento instintivo de todas las cosas que hemos venido aprendiendo a lo largo de la vida, recuperamos las manos de la plena feminidad. A veces resulta divertido observarnos cuando entramos por primera vez en una fase psíquica de nuestro proceso de individuación, imitando torpemente la conducta que desearíamos dominar. Más adelante adquirimos nuestro propio lenguaje espiritual y nuestras singulares formas personales.
A veces, en nuestras representaciones y sesiones de análisis, utilizo otra versión literaria de este cuento. La joven reina va al pozo. Mientras se inclina para sacar agua, su hijo cae al pozo. La joven reina se pone a gritar, aparece un espíritu y le pregunta por qué no rescata al niño.
-¡Porque no tengo manos! -contesta ella
-Pruébalo -le dice el espíritu y, cuando la doncella introduce los brazos en el agua para tomar a su hijo. las manos se le regeneran de inmediato y el niño se salva.
Se trata de una poderosa metáfora de la idea de la salvación del Yo-hijo, del Yo del alma, del peligro de perderse de nuevo en el inconciente, de olvidar quiénes somos y cuál es nuestra tarea. En este momento de la vida es fácil rechazar incluso a las personas más encantadoras, las ideas más atrayentes, la música más sugestiva, especialmente cuando éstas no alimentan la unión de la mujer con lo salvaje. Para muchas mujeres, el hecho de no sentirse ya arrastradas o esclavizadas por todas las ideas o las personas que llaman a su puerta y de ser en cambio unas mujeres rebosantes de Destino, es decir imbuidas de una profunda conciencia de su destino, constituye una transformación auténticamente milagrosa. Con los ojos mirando de frente, las palmas de las manos extendidas y el oído del yo instintivo intacto, la mujer entra en la vida derrochando poder.
En esta versión la doncella ha llevado a cabo su tarea de tal forma que, cuando necesita la ayuda de sus manos para percibir y proteger su avance, las recupera. Se le regeneran por medio del temor de perder al Yo-hijo. La regeneración de la comprensión de su vida y su tarea hace que a veces se produzca una pausa momentánea en la tarea de la mujer, pues ésta no confía por entero en sus fuerzas recién adquiridas. A veces las somete a prueba durante algún tiempo para comprender su verdadero alcance.
A menudo tenemos que re-formar nuestras ideas acerca de que "si alguna vez hemos perdido el poder (las manos), jamás lo recuperaremos". Después de todas nuestras pérdidas y nuestros sufrimientos, descubrimos que, si nos inclinamos, recibiremos la recompensa de agarrar al hijo al que tanto apreciamos. Eso es lo que siente la mujer, que, al final, ha conseguido agarrar de nuevo su vida. Tiene unas palmas con las que puede "ver" y moldear una vez más su vida. En todo momento ha recibido la ayuda de las fuerzas intrapsíquicas y ha conseguido madurar considerablemente. Ahora se encuentra realmente "en el interior de su Yo".
Ya estamos casi al final del recorrido por el inmenso territorio de este largo cuento. Sólo nos queda por recorrer un trecho de crescendo y culminación. Puesto que se trata de una introducción en el misterio/ dominio de la resistencia, recorramos con paso firme y decidido esta última etapa de nuestro viaje por el mundo subterráneo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

el tormento del alma





La quinta fase: El tormento del alma

El rey se va a la guerra a un reino lejano, le pide a su madre que cuide de la joven reina y que le envíe un mensaje en caso de que su esposa tenga un hijo. La joven reina da a luz a una preciosa criatura y envía el venturoso mensaje. Pero el mensajero se queda dormido junto al río, aparece el demonio y cambia el mensaje por otro que dice "La reina ha dado a luz un hijo que es medio perro".
Horrorizado, el rey envía, sin embargo, un mensaje de respuesta, pidiendo que se ame a la reina y se la atienda en aquella amarga hora. El mensajero vuelve a quedarse dormido junto al río, aparece otra vez el demonio y cambia el mensaje por otro que dice "Matad a la reina y a su hijo". La anciana madre, aterrorizada ante aquella petición, envía a otro mensajero para confirmarla y el mensajero va y viene, quedándose cada vez dormido junto al río. Los mensajes cambiados por el demonio son cada vez más horrendos. El último de ellos dice "Conservad la lengua y los ojos de la reina como prueba de que ha muerto".
La madre del rey se niega a matar a la dulce y joven reina. En su lugar, sacrifica una paloma y guarda los ojos y la lengua. Después ayuda a la joven reina a atarse la criatura al pecho y, cubriéndola con un velo, le dice que huya para salvar la vida. Ambas mujeres se echan a llorar y se despiden con un beso.
Como Barba Azul, Jasón, el famoso héroe del vellocino de oro, el hidalgo de "La Llorona" y los esposos/amantes de los cuentos de hadas y la mitología, el rey se casa y se va a tierras lejanas. ¿Por qué estos míticos esposos se alejan después de la noche de bodas? El motivo es distinto en cada relato, pero el hecho psíquico esencial es el mismo. La regia energía de la psique disminuye y retrocede para que pueda producirse la siguiente fase del proceso de la mujer: la puesta a prueba de su recién encontrada posición psíquica. En el caso del rey, éste no la ha abandonado, pues su madre la cuida en su ausencia.
El siguiente paso es la formación de la relación de la doncella con la anciana Madre Salvaje y el alumbramiento. Aquí se pone a prueba el vínculo amoroso entre la doncella y el rey y entre la doncella y la anciana madre. Uno de los vínculos es el del amor entre polos opuestos y el otro es el del amor del profundo Yo femenino.
La partida del rey es un leitmotiv universal de los cuentos de hadas. Cuando experimentamos no una retirada del apoyo sino una disminución de la cercanía de dicho apoyo, podemos tener la certeza de que está a punto de empezar un período de prueba en el que tendremos que alimentarnos exclusivamente con la memoria del alma hasta que se produzca el regreso del amado. En tales circunstancias, nuestros sueños nocturnos, sobre todo los más sorprendentes y penetrantes, serán el único amor que tendremos durante algún tiempo.
He aquí algunos de los sueños que, a juicio de las mujeres, las ayudaron enormemente durante esta fase.
Una simpática y dinámica mujer de mediana edad soñó que veía en el cieno de la tierra un par de labios y que, al sentarse ella en el suelo, aquellos labios le hablaban en susurros y después la besaban inesperadamente en la mejilla.
Otra mujer que trabajaba con ahínco tuvo un sueño engañosamente sencillo: se pasaba toda una noche durmiendo como un tronco. Al despertar de aquel sueño, se sintió totalmente descansada y en todo su cuerpo no había ni un solo músculo, nervio o célula fuera de su sitio.
Otra mujer soñó que la operaban a corazón abierto y que la sala de quirófano carecía de techo, por lo que la luz que la iluminaba era la del sol. Sintió que la luz del sol le acariciaba el corazón y oyó decir al cirujano que la operación ya no era necesaria.
Esta clase de sueños son experiencias de la naturaleza salvaje femenina y de Aquella que lo ilumina todo. Emocional y a menudo físicamente profundos, son unos estados parecidos a unas reservas ocultas de alimento, a las que podernos recurrir cuando escasea el sustento espiritual.
Mientras el rey se aleja en pos de su aventura, su aportación psíquica al descenso de la doncella se mantiene inalterada gracias al amor y el recuerdo. La doncella comprende que el regio principio del mundo subterráneo tiene un compromiso con ella y no la dejará abandonada, tal como le prometió antes de casarse, Al llegar a esta fase la mujer suele estar "llena de su Yo". Está embarazada, lo cual significa que está llena de una naciente idea acerca de lo que será su vida, siempre y cuando no interrumpa su tarea. Es un período mágico y desalentador tal como tendremos ocasión de ver, pues se trata de un ciclo de descensos, en el que siempre hay otro a la vuelta de la esquina.
A causa de este estallido de nueva vida, la existencia de la mujer sufre un nuevo tropiezo cerca del borde y la mujer vuelve a lanzarse al abismo. Pero esta vez el amor de lo masculino interior y el viejo Yo salvaje la sostienen como jamás la habían sostenido anteriormente.
La unión del rey y la reina del mundo subterráneo produce una criatura. Una criatura creada en el mundo subterráneo es mágica y tiene todo el potencial que se suele asociar con el mundo subterráneo, como, por ejemplo, un oído muy fino y una innata sensibilidad, pero aquí está en su fase de anlage o de "aquello que será". Aquí es cuando a las mujeres que están realizando el viaje se les ocurren sorprendentes ideas que algunos podrían calificar de grandiosas, pues son el resultado de unos ojos nuevos y juveniles y de unas nuevas expectativas. Entre las muy jóvenes podría ser algo tan sencillo como descubrir nuevos intereses y nuevas amistades. En el caso de mujeres más maduras puede ser toda una tragicómica epifanía de divorcio, recuperación y posterior existencia feliz hecha a la medida.
La criatura espiritual induce a las mujeres sedentarias a practicar el alpinismo en los Alpes a los cuarenta y cinco años. La criatura espiritual induce a una mujer obsesionada con la cera de abrillantar los suelos a matricularse en la universidad. La criatura espiritual hace que las mujeres que pierden el tiempo con tareas seguras se echen al camino con la espalda inclinada bajo el peso de sus mochilas.
El alumbramiento psíquico equivale a convertirse en una misma, es decir, a ser una psique indivisa. Antes del nacimiento de esta nueva vida en el mundo subterráneo, es muy probable que una mujer piense que todas las partes y personalidades de su interior son algo así como un batiburrillo de vagabundos que entran y salen de su vida. En el alumbramiento del mundo subterráneo, una mujer aprende que todo lo que la roza forma parte de ella. A veces cuesta llevar a cabo esta diferenciación de todos los aspectos de la psique, sobre todo cuando las tendencias y los impulsos nos repelen. El reto de amar los aspectos poco atractivos de nuestra personalidad constituye una empresa tan ardua como la más difícil que pueda haber llevado a cabo cualquier heroína.
A veces tememos que el hecho de identificar más de un yo en el interior de la psique pueda significar que somos unas enfermas psíquicas. Si bien es cierto que las personas que padecen trastornos psíquicos experimentan también la existencia de varios yos y se identifican con ellos o los rechazan violentamente, la persona que no padece ningún trastorno mantiene los yos interiores de manera ordenada y racional, los utiliza con provecho y le sirven para crecer y prosperar. En casi todas las mujeres, el hecho de cuidar y criar maternalmente sus yos interiores es una tarea creativa, una forma de conocimiento, no un motivo de inquietud.
Así pues, la doncella manca espera el nacimiento de un hijo, un nuevo y pequeño yo salvaje. El cuerpo en estado de buena esperanza hace lo que quiere y sabe hacer. La nueva vida ata, separa y dilata. La mujer que se encuentra en esta fase del proceso psíquico puede entrar en otra enantiodromia, el estado psíquico en el que todo lo que antes se consideraba valioso ya no lo es tanto e incluso puede ser sustituido por nuevos y exagerados anhelos de espectáculos, experiencias y empresas extrañas e insólitas.
Por ejemplo, para algunas mujeres el hecho de casarse lo era todo. En cambio, cuando se produce una enantiodromia quieren ser libres: el matrimonio es perjudicial, es una bobada, una basura y una pura scheisse, una mierda. Sustituye la palabra "matrimonio" por amante, trabajo, cuerpo, arte, vida y opciones y comprenderás la exacta actitud mental propia de este período.
Y después están los anhelos. Una mujer puede ansiar estar cerca del agua o tenderse boca abajo con el rostro en contacto con la tierra, aspirando el olor salvaje. Quizá le apetezca correr de cara al viento o plantar algo, arrancar alguna hierba, arrancar cosas del suelo o plantarlas.
Puede ansiar hacer una caminata por las colinas, saltar de roca en roca escuchando el eco de su voz contra la montaña. Puede necesitar muchas horas de noches estrelladas en las que las estrellas son como unos polvos faciales esparcidos sobre un negro pavimento de mármol. Puede experimentar la sensación de que se va a morir si no baila desnuda en medio de una tormenta, si no permanece sentada en absoluto silencio, si no regresa a casa manchada de tinta, manchada de pintura, manchada de lágrimas o manchada de luna.
Un nuevo yo está en camino. Nuestra vida interior tal y como la hemos conocido hasta ahora está a punto de cambiar. Aunque eso no significa que tengamos que arrojar por la borda los aspectos honrados y, sobre todo, los apoyos en una especie de enloquecida limpieza del hogar, sí quiere decir que, durante el descenso, el mundo y los ideales de arriba palidecen y durante algún tiempo nos sentimos inquietas e insatisfechas, pues la satisfacción está a punto de nacer en la realidad interior.
Eso que ansiamos tener jamás nos lo podrá dar un compañero, un trabajo, el dinero, un nuevo esto o aquello. Lo que ansiamos tener pertenece a otro mundo, el mundo que sostiene nuestra vida de mujeres. Y este Yo-hijo que estamos esperando sólo puede nacer por este medio: a través de la espera. A medida que transcurre el tiempo de nuestra vida y de nuestra tarea en el mundo subterráneo, el hijo crece y nace. En la mayoría de los casos, los sueños nocturnos de la mujer presagian el nacimiento; las mujeres sueñan literalmente con un nuevo hijo, un nuevo hogar, una nueva vida.
Ahora la madre del rey y la joven reina están juntas. La madre del rey es -¿a que no lo adivinas?- la vieja La Que Sabe. Conoce todo el proceso. La reina madre es, en el inconciente femenino, el símbolo tanto de los cuidados maternales al estilo de Deméter como de las actitudes de vieja bruja al estilo de Hécate.
Esta alquimia femenina de la doncella, la madre y la curandera se repite como un eco en la relación entre la doncella manca y la madre del rey. Ambas son una ecuación psíquica similar. Aunque en este cuento la madre del rey resulta un poco esquemática, tal como lo era la doncella al principio del cuento con su rito de la túnica blanca y el círculo de tiza, la anciana madre conoce también sus antiguos ritos tal como veremos más adelante.
En cuanto nace el Yo-hijo, la anciana reina madre envía un mensaje anunciando al rey el nacimiento de la criatura de la reina. El mensajero parece normal, pero, al acercarse al río, le empieza a entrar sueño, se queda dormido y sale el demonio. Esta clave nos indica que habrá otro reto para la psique durante su siguiente fatiga en el mundo subterráneo.
En la mitología griega, hay un río subterráneo llamado Lete cuyas aguas hacen que la persona olvide todas las cosas que ha dicho o hecho. Psicológicamente eso significa quedarse dormida en el estado presente. El mensajero que tendría que representar la comunicación entre estos dos principales componentes de la nueva psique aún no posee la energía necesaria para enfrentarse con la fuerza destructiva/seductora de la psique. A la función de comunicación de la psique le entra sueño, se tiende en el suelo, se queda dormida y se olvida de todo.
Adivina quién está constantemente al acecho. Pues el viejo perseguidor de doncellas, el famélico demonio. La palabra "demonio" que aparece en el cuento nos indica que éste ha sido recubierto con un material religioso más reciente. En el cuento, el mensajero, el río y el sueño que provoca el olvido nos revelan que la antigua religión está justo debajo del argumento del cuento, justo en la siguiente capa.
Esta ha sido la pauta arquetípica del descenso desde tiempos inmemoriales y nosotras seguimos también el mismo y eterno ciclo. También tenemos a nuestra espalda toda una historia de terribles tareas. Hemos visto el vapor del aliento de la Muerte. Hemos superado los bosques que nos asfixian, los árboles que caminan, las raíces que nos hacen tropezar, la niebla que ciega nuestros ojos. Somos unas heroínas psíquicas con una maleta llena de medallas. ¿Quién nos puede hacer ahora un reproche? Queremos descansar. Nos merecemos un descanso porque hemos superado unas pruebas muy duras. Por consiguiente, nos tendemos. junto a un ameno río. No nos hemos olvidado del sagrado proceso, pero... bueno, nos gustaría hacer una pausa, sólo un momento, ¿ sabes?, lo justo para cerrar los ojos unos minutos...
Pero, antes de que podamos darnos cuenta, el demonio salta a gatas y cambia el mensaje que transmitía amor y jubilosa celebración por otro cuya intención es provocar repugnancia. El demonio representa la irritación de la psique que se burla de nosotras diciendo: "¿Has vuelto a tu antigua inocencia e ingenuidad ahora que tanto te quieren? ¿Ahora que has dado a luz? ¿Crees que ya han terminado todas las pruebas, mujer insensata?"
Y, como estamos cerca del Lete, nos quedamos dormidas y seguimos roncando. Éste es el error que cometen todas las mujeres, no una vez sino muchas. Olvidamos acordarnos del demonio. El mensaje cambia del triunfal "La reina ha dado a luz un precioso hijo" al falso "La reina ha dado a luz un medio perro". En una versión similar del cuento, el mensaje cambiado es todavía más explícito: "La reina ha dado a luz un medio perro, pues se acostó con las bestias del bosque."
La imagen del medio perro del cuento no es accidental sino un espléndido vestigio de las antiguas religiones centradas en las figuras de las diosas que florecieron en Europa y toda Asia. En aquellos tiempos los pueblos adoraban a una diosa tricéfala. Las diosas tricéfalas están representadas en las distintas religiones por Hécate, la Baba Yagá, la Madre Holle, Berchta, Artemisa y otras. Cada una de ellas se representaba como estos animales o estaban estrechamente relacionadas con ellos.
En las religiones más antiguas, estas y otras poderosas y salvajes divinidades femeninas presidían las tradicionales ceremonias de iniciación femenina y enseñaban a las mujeres todas las fases de la vida femenina, desde la doncellez a la maternidad y a la vejez. El hecho de dar a luz un medio perro es una sesgada degradación de las antiguas diosas salvajes cuya naturaleza instintiva se consideraba sagrada. La nueva religión trató de contaminar los sagrados significados de las diosas tricéfalas señalando que estas divinidades yacían con animales y animaban a sus fieles a hacer lo mismo.
Fue entonces cuando el arquetipo de la Mujer Salvaje se empujó hacia abajo y se enterró a gran profundidad y las actitudes salvajes de las mujeres no sólo empezaron a menguar sino que éstas se vieron obligadas a hablar de ellas en voz baja y en lugares ocultos. En muchos casos, las mujeres que amaban a la vieja Madre Salvaje tuvieron que proteger cuidadosamente su vida. Al final, la sabiduría sólo les vino a través de los cuentos de hadas, el folclore, los estados hipnóticos y los sueños nocturnos. Menos mal y gracias sean dadas a Dios.
Mientras que en "Barba Azul" vimos que el depredador natural era el que apartaba a las mujeres de sus ideas, sentimientos y acciones, aquí en "La doncella manca" se nos ofrece un aspecto del depredador mucho más sutil pero inmensamente poderoso con el que no sólo tenemos que enfrentarnos en nuestra psique sino también y cada vez en mayor medida en nuestra actividad cotidiana exterior.
"La doncella manca" muestra la habilidad del depredador para torcer las percepciones humanas y la vital comprensión que necesitamos a fin de desarrollar la dignidad moral, la perspectiva visionaria y la acción apropiada en nuestra vida y en el mundo. En "Barba Azul" el depredador no deja vivir a nadie. En "La doncella manca" el demonio permite vivir pero impide la reconexión de la mujer con la profunda sabiduría de la naturaleza instintiva que encierra una corrección automática de la percepción y la acción.
Por consiguiente, cuando el demonio cambia el mensaje del cuento, el hecho se puede considerar en cierto sentido un acontecimiento histórico efectivo de especial importancia para la tarea psíquica del descenso y de la conciencia que tienen que llevar a cabo las mujeres modernas. Curiosamente, muchos aspectos de la cultura (es decir, del sistema de creencias colectivo y dominante de un grupo de personas que viven lo bastante cerca las unas de las otras como para poder influirse mutuamente) se siguen comportando como el demonio en todo lo relacionado con las tareas interiores, la vida personal y los procesos psíquicos de las mujeres. Eliminando esto, excluyendo lo otro, cortando una raíz de aquí y sellando una abertura de allí, el "demonio" de la cultura y el depredador de la psique hacen que varias generaciones de mujeres se sientan atemorizadas y, sin embargo, se atrevan a vagar sin rumbo y sin tener ni la más remota idea acerca de las causas de su desazón o acerca de su pérdida de la naturaleza salvaje que es la que se las podría revelar todas.
Si bien es cierto que el depredador manifiesta una predilección especial por las presas que están hambrientas de alma y se sienten solas o desvalidas en lo más hondo de su ser, los cuentos de hadas nos muestran que el depredador también se siente atraído por la conciencia, la regeneración, la liberación y la nueva libertad. En cuanto se entera de que hay algo de eso, se presenta de inmediato.
Muchos argumentos de cuentos tienen por protagonista al depredador, no sólo los incluidos en este libro sino también los cuentos de hadas como "Cap of Rushes" y "All Fur" o los mitos relacionados con la griega Andrómeda y la azteca Malinche. Los trucos que en ellos se utilizan son el menosprecio de los objetivos de la protagonista, el lenguaje despectivo utilizado en la descripción de la presa, los juicios temerarios, las prohibiciones y los castigos injustificados. Éstos son los medios que utiliza el depredador para cambiar los vivificadores mensajes entre el alma y el espíritu por otros mensajes letales que nos parten el corazón, nos causan vergüenza y, por encima de todo, nos impiden emprender la acción adecuada.
A nivel cultural podemos dar muchos ejemplos de cómo el depredador configura las ideas y los sentimientos para robarles la luz a las mujeres. Uno de los ejemplos más llamativos de la pérdida de la percepción natural es el de varias generaciones de mujeres cuyas madres rompieron la tradición de enseñar, preparar e introducir a sus hijas en el hecho más fundamental y físico de la esencia femenina cual es el de la menstruación. En nuestra cultura pero también en muchas otras, el demonio cambió el mensaje de tal manera que la primera sangre y todos los sucesivos ciclos de sangre se rodearon de humillación y no de admirado asombro tal como hubiera tenido que ser. Ello dio lugar a que millones de jóvenes perdieran su herencia del cuerpo prodigioso y, en su lugar, temieran morir, estar enfermas o ser castigadas por Dios. La cultura y los individuos de la cultura aceptaron el mensaje tergiversado del demonio sin examinarlo y lo transmitieron a bombo y platillo, convirtiendo el período del incremento de las sensaciones emocionales y sexuales de las mujeres en un período de vergüenza y castigo.
Tal como vemos en el cuento, cuando el depredador invade una cultura, ya sea ésta la psique o bien una sociedad, los distintos aspectos o individuos de esta cultura tienen que echar mano de toda su perspicacia para leer entre líneas y permanecer en su sitio sin dejarse arrastrar por las indignantes pero atrayentes afirmaciones del depredador.
Cuando hay demasiado depredador y demasiado poca alma salvaje, las estructuras económicas, sociales, emocionales y religiosas de la cultura empiezan a deformar gradualmente los recursos más espirituales tanto de la persona como del mundo exterior. Los ciclos naturales se asfixian y se convierten en formas artificiales, se desgarran con usos imprudentes o se matan. Se desprecia el valor de lo salvaje y lo visionario y se hacen siniestras conjeturas acerca del peligro que representa la naturaleza salvaje. Los medios y métodos destructivos, despojados de bondad y significado, llegan a adquirir una categoría superior.
Sin embargo, por mucho que el demonio mienta y trate de cambiar los hermosos mensajes acerca de la verdadera vida de la mujer por otros más mezquinos, celosos y agostadores, la madre del rey comprende lo que ocurre y se niega a sacrificar a su hija. En términos modernos, no amordazaría a su hija, no le aconsejaría callar su verdad, no la animaría a fingir ser menos de lo que es para poder manipularla más. Esta figura de la madre salvaje del mundo subterráneo corre el riesgo de sufrir un castigo por seguir el que ella sabe que es el camino más prudente. Gana en astucia al depredador en lugar de conchabarse con él. No se da por vencida. Sabe lo que es integral, sabe lo que ayudará a una mujer a prosperar, identifica a un depredador al vuelo y sabe lo que hay que hacer al respecto. Aunque nos sintamos presionadas por los más deformados mensajes culturales o psíquicos, aunque un depredador ande suelto en la cultura o en la psique personal, todas podemos oír las instrucciones salvajes iniciales y seguirlas.
Eso es lo que aprenden las mujeres cuando excavan en la naturaleza salvaje e instintiva, cuando se entregan a la tarea de la profunda iniciación y el desarrollo de la conciencia. Siguen un cursillo acelerado por medio del desarrollo de la vista, el oído, el ser y el hacer ininterrumpidos. Las mujeres aprenden a buscar al depredador en lugar de intentar alejarlo, dejarlo de lado o ser amables con él. Aprenden los trucos, los disfraces y los medios que se inventa el depredador. Aprenden a "leer entre líneas" en los mensajes, las invitaciones, las expectativas o las costumbres nacidas de la manipulación de la verdad. Entonces, tanto si el depredador emana del propio medio psíquico como si procede de la cultura exterior, actuamos con astucia, podemos enfrentarnos cara a cara con él y hacer lo que se tiene que hacer.
El demonio del cuento simboliza cualquier cosa capaz de corromper la comprensión de los profundos procesos femeninos. No hace falta un Torquemada para perseguir las almas de las mujeres. También se las puede perseguir con la buena voluntad de unos medios nuevos pero antinaturales que, cuando se llevan hasta sus últimas consecuencias, privan a la mujer de su nutritiva naturaleza salvaje y de su capacidad de crear alma. Una mujer no tiene por qué vivir como si hubiera nacido en el año 1000 a.d.C. Pese a ello, la antigua sabiduría es una sabiduría universal, unos conocimientos eternos y perdurables que serán tan válidos dentro de cinco mil años como lo son hoy en día y como lo eran hace cinco mil años. Es la sabiduría arquetípica y, como tal, es eterna. Pero conviene recordar que el depredador también es eterno.
En otro sentido completamente distinto, el que cambia los mensajes, siendo una fuerza innata y contraria del interior de la psique o del mundo exterior, se opone naturalmente al nuevo Yo-hijo. Pero, paradójicamente, puesto que tenemos que reaccionar para combatirlo o contrapesarlo, la sola batalla nos confiere una fuerza extraordinaria. En nuestra tarea psíquica personal, recibimos constantemente mensajes tergiversados del demonio: "Soy buena; no soy tan buena. Mi trabajo es muy profundo; mi trabajo es una tontería. Estoy progresando; no voy a ninguna parte. Soy valiente; soy cobarde. Soy lista; debería darme vergüenza." Son cuando menos mensajes desconcertantes.
Así pues, la madre del rey sacrifica una paloma en lugar de matar a la joven reina. En la psique, como en toda la cultura en general, se registra una extraña rareza psíquica. El demonio no sólo se presenta cuando las personas están hambrientas o carecen de algo sino que a veces también aparece cuando se ha producido un acontecimiento de gran belleza, en este caso el nacimiento de un precioso hijo. Pero el depredador siempre se siente atraído por la luz y, ¿dónde hay más luz que en una nueva vida?
Sin embargo, hay en el interior de la psique otros hipócritas que también intentan menospreciar o manchar lo nuevo. En el proceso femenino de aprendizaje de lo subterráneo, está demostrado que, cuando alguien ha dado a luz algo hermoso en la psique, surge también algo desagradable aunque sólo sea por un instante, algo que está celoso, que carece de comprensión o muestra desdén. El hijo recién nacido será menospreciado, calificado de feo y condenado por uno o varios persistentes antagonistas. El nacimiento de lo nuevo da lugar a complejos, la madre negativa y el padre negativo y otras criaturas negativas que surgen de la tierra removida de la psique e intentan en el mejor de los casos criticar severamente el nuevo orden y, en el peor, desanimar a la mujer y a su nueva criatura, idea, vida o sueño.
Es el mismo argumento de los antiguos padres, Crono, Urano y también Zeus, que siempre querían devorar o desterrar a sus vástagos por temor a que éstos los desbancaran. En términos junguianos esta fuerza destructiva se llamaría "complejo", una serie organizada de sentimientos e ideas de la psique de la que el ego no es conciente, lo cual permite que consigan imponernos más o menos su dominio. En el medio psicoanalítico el antídoto es la conciencia de las propias debilidades y cualidades de tal manera que el complejo no pueda actuar por su cuenta.
En términos freudianos esta fuerza destructiva se consideraría emanada del "id", un oscuro, indefinido pero infinito territorio psíquico en el que, diseminados como desperdicios y cegados por la falta de luz, viven, olvidados y reprimidos, todos los deseos, las ideas y acciones y los impulsos repugnantes. En este medio psicoanalítico la resolución se alcanza recordando los pensamientos y los impulsos vergonzosos, haciéndolos aflorar a la conciencia, describiéndolos, nombrándolos y catalogándolos con el fin de arrancarles la fuerza.
En algunos cuentos islandeses, la mágica fuerza destructiva de la psique es a veces Brak, el hombre de hielo. En un antiguo cuento se comete un asesinato perfecto. Brak, el hombre de hielo, mata a una mujer humana que no corresponde a su amor. La mata con un témpano en forma de daga. El témpano, lo mismo que el hombre, se derrite bajo el sol del nuevo día y no queda ninguna arma con que acusar al asesino. Y tampoco queda nada del asesino.
La oscura figura del hombre de hielo del mundo de la mitología posee la misma misteriosa mística de la aparición/desaparición que envuelve los complejos de la psique humana y el mismo modus operandi que el demonio del cuento de la doncella manca. Por eso la figura del demonio resulta tan desconcertante para las mujeres en su proceso de iniciación. Como el hombre de hielo, aparece como llovido del cielo, comete el asesinato y después desaparece y se disuelve sin dejar el menor rastro.
Este cuento, sin embargo, nos ofrece una valiosa clave: si crees que has perdido tu misión o tu vitalidad, si te sientes confusa o ligeramente perdida, busca al demonio, busca al que tiende emboscadas espirituales en el interior de tu psique. Si no lo ves, no lo oyes o no logras sorprenderlo con las manos en la masa, ten por cierto que está actuando y, por encima de todo, permanece despierta por muy cansada que estés, por mucho sueño que tengas y por mucho que quieras cerrar los ojos a la verdadera tarea que tienes que cumplir.
En la realidad, cuando una mujer tiene un complejo demoníaco, eso es exactamente lo que ocurre. Va caminando, le van bien las cosas, se ocupa de sus asuntos y, de repente, izas!, aparece el demonio y todo su trabajo pierde la energía, empieza a flojear, tose, sigue tosiendo y, al final, se desploma en el suelo. Lo que podríamos denominar complejo demoníaco utiliza las voces del ego, ataca la propia creatividad, las propias ideas y los propios sueños. En el cuento, ridiculiza o minusvalora la experiencia femenina del mundo exterior y del mundo subterráneo, tratando de separar la natural conjunctio entre lo racional y lo misterioso. El demonio miente y dice que la permanencia de la mujer en el mundo subterráneo ha producido una bestia cuando, en realidad, ha producido un precioso niño.
Los distintos santos que en sus escritos afirmaban haber luchado por conservar la fe en Dios, tras haber sido tentados durante toda la noche por el demonio que les quemaba los oídos con palabras encaminadas a debilitar su determinación y que había estado a punto de arrancarles los globos oculares con horribles apariciones mientras arrastraba su alma sobre fragmentos de vidrio, se referían precisamente a este fenómeno de la súbita aparición del demonio. El propósito de esta emboscada psíquica es el de hacerte perder la fe no sólo en ti misma sino también en la cuidadosa y delicada tarea que estás llevando a cabo en el inconciente.
Hace falta una fe muy grande para seguir adelante en tales circunstancias, pero tenemos que hacerlo y lo hacemos. El rey, la reina y la madre del rey, todos los elementos de la psique, tiran en una misma dirección, en nuestra dirección, y, por consiguiente, nosotras tenemos que perseverar con ellos. En estos momentos ya estamos casi en la recta final. Sería lamentable y doloroso que ahora abandonáramos la carrera.
El rey de nuestra psique es muy valiente. No se vendrá abajo al recibir el primer golpe. No se encogerá dominado por el odio y el afán de castigo tal como espera el demonio. El rey, que tanto ama a su esposa, se espanta al recibir el mensaje cambiado, pero envía un mensaje de respuesta diciendo que cuiden de la reina y de su hijo en su ausencia. Es la prueba de nuestra certidumbre interior: ¿pueden dos fuerzas permanecer unidas aunque una de ellas se considere abominable y despreciable? ¿Puede una de ellas respaldar a la otra ocurra lo que ocurra? ¿Es posible mantener la unión aunque se siembren con denuedo las semillas de la duda? Hasta ahora, la respuesta es que sí. La prueba acerca de si podrá haber un matrimonio de amor duradero entre el mundo subterráneo salvaje y la psique terrenal se está superando espléndidamente bien.
En su camino de regreso al castillo, el mensajero vuelve a caer dormido junto al río y el demonio cambia el mensaje por otro que dice "Matad a la reina". Aquí el depredador espera que la psique se polarice y se mate ella misma, rechazando todo un aspecto de sí misma, el más trascendental, el recién despertado, el de la mujer sabia.
La madre del rey se horroriza al recibir el mensaje e intercambia con el rey varios mensajes, y en cada uno de ellos intenta aclarar lo que ha dicho el otro hasta que, al final, el demonio cambia el mensaje del rey por otro que dice "Matad a la reina y arrancadle los ojos y la lengua como prueba de que ha muerto".
Ya tenemos a una doncella manca, es decir, sin capacidad para asir las cosas de este mundo, pues el demonio ordenó que le cortaran las manos. Ahora exige otras amputaciones. Quiere que se quede sin el habla verdadera y sin la vista verdadera. A pesar de tratarse nada menos que del demonio, lo que exige nos hace dudar enormemente, pues lo que él quiere que ocurra es precisamente el regreso de las conductas que han oprimido a las mujeres desde tiempos inmemoriales. Quiere que la doncella obedezca estos mandamientos: "No veas la vida tal como es. No comprendas los ciclos de la vida y la muerte. No te esfuerces por ver realizados tus anhelos. No hables de todas estas cosas salvajes. "
La vieja Madre Salvaje, simbolizada en la madre del rey, se enoja ante la orden del demonio y dice: "Eso ya es demasiado." Y se niega a cumplirla. En el transcurso de la tarea de iniciación de las mujeres la psique dice "Eso es demasiado. No puedo ni quiero tolerarlo". Y entonces la psique, gracias a su experiencia espiritual en este proceso de iniciación en la resistencia, empieza a actuar con más astucia.
La vieja Madre Salvaje hubiera podido recogerse las faldas, mandar ensillar un tronco de caballos y ponerse en camino hasta encontrar a su hijo y preguntarle qué locura se había apoderado de él para que quisiera matar a su encantadora reina y a su hijo recién nacido, pero no lo hace. En su lugar, siguiendo la consagrada tradición, envía a la joven en proceso de iniciación a otro simbólico lugar de iniciación: los bosques. En algunos ritos, el lugar de la iniciación era una cueva o el pie de una montaña, pero en el mundo subterráneo, donde abunda el simbolismo de los árboles, suele ser un bosque.
Tratemos de comprender lo que eso significa: enviar a la doncella a otro lugar de iniciación hubiera sido lo más natural en cualquier caso, aunque el demonio no hubiera aparecido y cambiado los mensajes. En el descenso hay varios lugares de iniciación, uno detrás de otro y todos con sus lecciones y consuelos correspondientes. Se podría decir que el demonio se encarga prácticamente de que sintamos la necesidad de levantarnos y pasar al siguiente.
Recordemos que hay un período natural después del parto en el que la mujer se considera un ser del mundo subterráneo. Se la cubre con el polvo de allí abajo y se la lava con su agua tras haber penetrado en el misterio de la vida y la muerte, el dolor y la alegría, en el transcurso del alumbramiento. Por consiguiente, durante algún tiempo la mujer "no es de aquí" sino que está todavía "allí".
La doncella es como una puérpera. Se levanta de la silla de alumbramiento del mundo subterráneo en la que ha dado a luz nuevas ideas, una nueva visión del mundo. Ahora está cubierta con un velo, le da el pecho a su hijo y sigue adelante. En la versión de "La doncella manca" de los hermanos Grimm, el recién nacido es un varón y se llama Desconsolado. Pero en las religiones de las diosas el hijo espiritual nacido de la unión de la mujer con el rey del mundo subterráneo se llamaba Gozo.
Aquí aparece en el terreno otra veta de la antigua religión. Después del nacimiento del nuevo yo de la doncella, la madre del rey envía a la joven reina a otra prolongada iniciación que, tal como veremos más adelante, le enseñará los ciclos definitivos de la vida femenina.
La vieja Madre Salvaje imparte a la doncella una doble bendición: ata el hijo a su pecho rebosante de leche para que el Yo-hijo se pueda alimentar ocurra lo que ocurra. Después, siguiendo la tradición de los antiguos cultos de la diosa, la envuelve en unos velos, que son la prenda que viste la diosa cuando emprende una sagrada peregrinación y no desea que la reconozcan o la distraigan de su propósito. En muchas esculturas y muchos bajorrelieves de Grecia se muestra a la que se iniciaba en los ritos eleusinos, cubierta por unos velos a la espera de la siguiente fase de la iniciación.
¿Qué significa el símbolo del velo? Indica la diferencia entre el ocultamiento y el disfraz. Se refiere a la necesidad de ser discretas y reservadas para no revelar la propia naturaleza misteriosa, y a la necesidad de conservar el eros y el mysterium de la naturaleza salvaje.
A veces nos cuesta conservar la nueva energía vital en el interior del crisol de la transformación el tiempo suficiente para que obtengamos algún beneficio. Nos la tenemos que guardar toda para nosotras sin darla al primero que nos la pida o a cualquier inspiración repentina que tengamos, pensando que es bueno inclinar el crisol y verter el tesoro de nuestra riqueza espiritual en la boca de otras personas o directamente al suelo.
La colocación de un velo sobre algo aumenta el efecto y el sentimiento. Eso lo saben muy bien todas las mujeres. Mi abuela solía utilizar la frase "tapar el cuenco con un velo". Quería decir colocar un lienzo blanco sobre un cuenco de masa para que subiera el pan. El velo de la masa de pan y el velo de la psique sirven para lo mismo. En el alma dé las mujeres que efectúan el descenso se produce una intensa fermentación. El hecho de encontrarse detrás del velo intensifica la perspicacia mística. Por detrás del velo todos los seres humanos parecen seres brumosos, todos los acontecimientos y todos los objetos tienen el color de un amanecer o de un sueño.
En los años sesenta las mujeres se cubrían con el velo de su cabello. Se lo dejaban crecer muy largo, se lo planchaban y lo llevaban como una cortina para cubrirse el rostro, como si el mundo estuviera demasiado abierto y desnudo, como si su cabello pudiera aislar y proteger su delicado yo. En Oriente Medio hay una danza de los velos y las modernas mujeres musulmanas se siguen cubriendo con el velo. La babushka de la Europa Oriental y los rebozos que lucen en la cabeza las mujeres de Centroamérica y en Sudamérica son también vestigios del velo. Las mujeres malayas lucen habitualmente velo y lo mismo hacen las mujeres africanas.
Mientras contemplaba el mundo, empecé a compadecerme un poco de las mujeres modernas que no llevaban velo, pues el hecho de ser una mujer libre y llevar velo a voluntad es conservar el poder de la Mujer Misteriosa. La contemplación de una mujer velada es una experiencia muy profunda.
Una vez contemplé un espectáculo que me ha mantenido cautiva del hechizo del velo para siempre: mi prima Eva, preparándose para su noche de bodas. Yo, que tenía unos ocho años de edad, estaba sentada sobre su maleta con el floreado tocado infantil ya torcido, una de mis ajorcas en la pantorrilla y la otra ya tragada por el zapato. Primero se puso un largo vestido de raso blanco con cuarenta botoncitos forrados de raso en la espalda y después unos largos guantes de raso blanco con diez botones forrados de raso cada uno. A continuación, se cubrió el bello rostro y los hombros con un velo que llegaba hasta el suelo. Mi tía Teréz ahuecó el velo a su alrededor, pidiéndole a Dios en voz baja que todo le saliera bien. Mi tío Sebestyén se detuvo en el umbral boquiabierto de asombro, pues Eva ya no era un ser mortal. Era una diosa. Por detrás del velo sus ojos parecían de plata y su cabello resplandecía como si estuviera cuajado de estrellas mientras que su boca semejaba una roja flor. Se pertenecía sólo a sí misma, contenida y poderosa, inalcanzable, pero en la justa medida.
Algunos dicen que el himen es el velo. Otros afirman que el velo es la ilusión. Y nadie se equivoca. Curiosamente, aunque el velo se haya utilizado para ocultar a la concupiscencia de los demás la propia belleza, es también una de las armas de la femme fatale. Lucir un velo de determinado tipo en determinado momento ante un amante determinado y con un aspecto determinado equivale a irradiar un intenso y nebuloso erotismo capaz de cortar la respiración. En la psicología femenina el velo es un símbolo de la capacidad de las mujeres de adoptar cualquier presencia o esencia que deseen.
Hay en la mujer cubierta por un velo una sorprendente numinosidad. Su aspecto intimida hasta tal punto a todos los que se cruzan con ella que éstos no tienen más remedio que detenerse en seco y su presencia los impresiona hasta tal extremo que necesariamente la tienen que dejar en paz. La doncella del cuento se cubre con un velo para emprender su viaje y, por consiguiente, es intocable. Nadie se atrevería a levantarle el velo sin su permiso. Después de toda la prepotencia del demonio, está protegida una vez más. Las mujeres también pasan por esta transformación. Cuando están cubiertas por el velo, las personas sensatas se guardan mucho de invadir su espacio psíquico.
Por lo tanto, después de todos los falsos mensajes que se han recibido en la psique e incluso durante el exilio, nosotras también estamos protegidas por una cierta sabiduría superior, una rica y nutritiva soledad nacida de nuestra relación con la vieja Madre Salvaje. Estamos nuevamente en camino, pero protegidas de todo peligro. El hecho de llevar el velo nos señala como seres pertenecientes a la Mujer Salvaje. Somos suyas y, a pesar de no ser inalcanzables, nos mantenemos en cierto modo apartadas de la total inmersión en la vida del mundo exterior.
Las diversiones del mundo de arriba no nos deslumbran. Vamos en busca de un lugar, de la patria del inconciente. De la misma manera que se dice de los árboles frutales en flor que lucen unos preciosos velos, nosotras y la doncella somos ahora unos manzanos floridos que andan en busca del bosque al que pertenecen.
La matanza de la cierva era antiguamente un rito de revitalización que solía presidir una anciana como, por ejemplo, la madre del rey, pues ésta era la "conocedora" oficial de los ciclos de la vida y la muerte. El sacrificio de la cierva era un antiguo rito destinado a liberar la dulce pero exuberante energía del animal.
Como las mujeres en proceso de descenso, este animal sagrado era un esforzado superviviente de los más fríos y crudos inviernos. Las ciervas se consideraban muy eficientes en la búsqueda de alimento, el alumbramiento y la capacidad de vivir de acuerdo con los ciclos inherentes a la naturaleza. Es probable que las participantes en dicho ritual pertenecieran a un clan y que el propósito del sacrificio fuera el de instruir a las iniciadas en las cuestiones relacionadas con la muerte, así como el de infundirles las cualidades de la criatura propiamente dicha.
Aquí tenemos una vez más un sacrificio, en realidad, una doble rubedo, un sacrificio cruento. Primero tenemos el sacrificio de la cierva, el animal sagrado para la antigua estirpe de la Mujer Salvaje. La matanza de criaturas es una tarea peligrosa, pues varias clases de entes benéficos se desplazan disfrazados de animales. El hecho de matar a uno de ellos fuera del ciclo se consideraba perjudicial para el delicado equilibrio de la naturaleza y daba lugar a un castigo de proporciones míticas.
Sin embargo, lo más importante era que la criatura sacrificada era una criatura-madre, una hembra, símbolo del cuerpo femenino de la sabiduría. Después, consumiendo la carne de aquella criatura y cubriéndose con su pellejo para abrigarse y dejar constancia de la pertenencia al clan, la mujer se convertía en aquella criatura. Se trataba de un ritual sagrado cuyos comienzos se perdían en la noche de los tiempos. Conservar los ojos, las orejas, el hocico, la cornamenta y diversas vísceras equivalía a poseer el poder simbolizado por las distintas funciones: agudeza visual, buen olfato, rapidez de movimientos, fortaleza corporal, el timbre de voz apropiado para llamar a sus congéneres, etc.
La segunda rubedo se produce cuando la doncella se separa no sólo de la buena y anciana madre sino también del rey. Es un período en el que se nos pide que recordemos, que insistamos en tomar el alimento espiritual aunque estemos separadas de las fuerzas que nos han sostenido en el pasado. No podemos permanecer para siempre en el éxtasis de la unión perfecta. En la mayoría de nosotras, no es éste el camino que se debe seguir. Nuestra misión es más bien la de destetarnos de estas emocionantes fuerzas en determinado momento, pero conservar la conexión conciente con ellas y pasar a la siguiente tarea.
Está comprobado que podemos adquirir una fijación con un aspecto especialmente agradable de la unión psíquica e intentar quedarnos siempre allí, mamando de la sagrada teta. Eso no significa que el alimento sea destructivo. Muy al contrario, el alimento es absolutamente esencial para el viaje y en cantidades considerables, por cierto. De hecho, si éste no es Suficiente, la buscadora pierde la energía, se sume en la depresión y se convierte en un simple susurro. Pero si nos quedamos en nuestro lugar preferido de la psique, que puede ser exclusivamente el de la belleza o el del arrobamiento, el proceso de la individuación se reduce a un lento y pesado avance. La verdad es que algún día tenemos que abandonar, por lo menos provisionalmente, las sagradas fuerzas que habitan en nuestra psique para que pueda producirse la siguiente fase del proceso.
Como en el cuento en el que las dos mujeres se despiden con lágrimas en los ojos, tenemos que despedirnos de las valiosas fuerzas interiores que tan inestimable ayuda nos han prestado. Después, estrechando fuertemente contra nuestro pecho nuestro nuevo Yo-hijo, tenemos que echarnos al camino. La doncella ha reanudado la marcha y se dirige hacia el gran bosque, confiando en que algo surgirá de aquella inmensa sala de árboles, algo capaz de fortalecer el alma.

sábado, 5 de noviembre de 2011

el descubrimiento del amor en el mundo subterráneo




La cuarta fase: El descubrimiento del amor en el mundo subterráneo

A la mañana siguiente el rey viene a contar sus peras. Falta una y el hortelano le revela lo que ha visto. "Anoche dos espíritus vaciaron el foso, entraron en el vergel bajo la luz de la luna y uno que era manco se comió la pera que el árbol le ofreció."
Aquella noche el rey monta guardia con su hortelano y con su mago que sabe hablar con los espíritus. A medianoche la doncella aparece flotando por el bosque con sus sucios andrajos, su cabello desgreñado, el rostro surcado de tiznaduras de mugre y los brazos sin manos, acompañada del espíritu.
Una vez más, otro árbol se inclina y la doncella se come la pera que cuelga del extremo de la rama. El mago se acerca, pero no demasiado, y pregunta:
-¿Eres de este mundo o no eres de este mundo?
La doncella contesta:
-Antes era del mundo, pero no soy de este mundo.
El rey interroga al mago.
-¿Es un ser humano o es un espíritu?
El mago contesta que es ambas cosas. El rey corre hacia ella y le promete amor y lealtad:
-No te abandonaré. A partir de hoy, cuidaré de ti.
Se casan y él le manda hacer unas manos de plata.
El rey es una sagaz criatura del mundo de la psique subterránea. No es simplemente un viejo rey sino que es uno de los principales vigilantes del inconciente femenino. Vigila la botánica del crecimiento del alma; su vergel (que es también el de su madre) está lleno de árboles de la vida y de la muerte. El rey pertenece a la familia de los dioses salvajes. Como la doncella, es capaz de resistir muchas cosas. Y, como la doncella, tiene otro descenso por delante. Pero de eso ya hablaremos después.
En cierto modo, se podría decir que sigue los pasos de la doncella. La psique siempre vigila su propio proceso. Es una premisa sagrada. Significa que, cuando vagas sin rumbo, hay otro ser -por lo menos uno y, a menudo, más de uno- que está curtido y tiene experiencia y está aguardando que llames a la puerta, golpees una piedra, te comas una pera o aparezcas sin más, para anunciar tu llegada al mundo subterráneo. Esta amorosa presencia monta guardia a la espera de que aparezca la buscadora que vaga sin rumbo. Las mujeres lo saben muy bien. Hablan de un destello de luz o de perspicacia, de un presentimiento o una presencia.
El hortelano, el rey y el mago son tres maduros símbolos del arquetipo masculino. Equivalen a la sagrada trinidad femenina representada por la madre, la doncella y la vieja bruja. En el cuento, las antiguas diosas triples o las tres-diosas-en-una están representadas de la siguiente manera: la doncella está simbolizada por la mujer manca, y la madre del rey, que entra en escena más adelante, es el símbolo de la madre y de la vieja bruja. El giro que confiere al cuento una apariencia "moderna" es la figura del demonio, que en los antiguos ritos de iniciación femenina estaba normalmente representado por la vieja en su doble naturaleza de aquella que da la vida y la quita. En este cuento el demonio es sólo el que quita la vida.
No obstante, en tiempos inmemoriales, lo más probable es que en este tipo de cuento la vieja interpretara el papel de la iniciadora que al mismo tiempo pone obstáculos a la joven y dulce heroína en su paso de la tierra de los vivos a la tierra de los muertos. Desde un punto de vista psíquico, todo eso concuerda con la psicología junguiana, la teología y las antiguas religiones nocturnas, según las cuales el Yo o, en nuestra forma de hablar, la Mujer Salvaje, siembra en la psique toda suerte de semillas y desafíos con el fin de que la mujer desesperada regrese a su naturaleza original en busca de respuestas y de fuerza, uniéndose de nuevo al gran Yo Salvaje para, a partir de aquel momento, actuar en la medida de lo posible como sí ambos fueran una sola cosa.
En cierto modo, esta distorsión del cuento distorsiona nuestra información acerca de los antiguos pasos que integraban el regreso de la mujer al mundo subterráneo. Pero, en realidad, esta sustitución de la vieja por el demonio resulta extremadamente importante para nosotras en la actualidad, pues, para poder descubrir los antiguos caminos que conducen al inconciente, nos vemos obligadas a menudo a luchar contra el demonio disfrazado de mandatos culturales, familiares o intrapsíquicos que devalúan la vida del alma de lo femenino salvaje. En este sentido, el cuento tiene un doble efecto; por un lado contiene los suficientes huesos del antiguo ritual como para que podamos reconstruirlo y, por otro, nos muestra de qué manera el depredador natural trata de apartarnos de los derechos que nos corresponden y de arrebatarnos las tareas del alma.
Los principales autores de la transformación presentes en el vergel en este momento son, en orden aproximado de aparición: la doncella, el espíritu vestido de blanco, el hortelano, el rey, el mago, la madre/ vieja y el demonio. Éstos simbolizan tradicionalmente las siguientes fuerzas intrapsíquicas:

LA DONCELLA

Tal como ya hemos visto, la doncella simboliza la sincera psique previamente dormida. Pero la heroína- guerrera permanece oculta bajo su dulce capa exterior. Tiene la resistencia propia de la loba solitaria. Es capaz de soportar la suciedad, la mugre, la traición, el daño, la soledad y el exilio de la iniciada. Es capaz de vagar sin rumbo por el mundo subterráneo y de regresar enriquecida al mundo de arriba. Aunque al iniciar el descenso quizá no pueda formularlas con claridad, está siguiendo las instrucciones y las directrices de la Vieja Madre, de la Mujer Salvaje.

EL ESPIRITU VESTIDO DE BLANCO

En todas las leyendas y todos los cuentos de hadas, el espíritu vestido de blanco es el guía, el que posee una dulce sabiduría innata y que es algo así como el explorador del viaje de la mujer. Entre algunas mesemondók, este espíritu se consideraba un fragmento de un antiguo y valioso dios despedazado que seguía encarnándose en los seres humanos. Por su atuendo, el espíritu vestido de blanco guarda estrecha relación con la miríada de diosas de la Vida/Muerte/Vida de las distintas culturas, todas ellas esplendorosamente vestidas de blanco: La Llorona, Berchta, Hel, etc. Lo cual quiere decir que el espíritu vestido de blanco es un auxiliar de la madre/vieja que, en la psicología arquetípica, es también la diosa de la Vida/Muerte/Vida.

EL HORTELANO

El hortelano es el cultivador del alma, un guardián regenerador de la semilla, la tierra y la raíz. Es similar al Kokopelli de los indios hopi, un espíritu jorobado que cada primavera se presenta en las aldeas y fertiliza no sólo las cosechas sino también a las mujeres. La función del hortelano es la regeneración. La psique de la mujer tiene que sembrar, desarrollar y cosechar constantemente nueva energía para poder sustituir la vieja y gastada. Hay una natural entropía, o desgaste y utilización, de los componentes psíquicos. Es bueno que así sea y así debería funcionar la psique, pero hay que tener nueva energía lista para sustituir a la vieja. Éste es el papel del hortelano en la tarea de la psique. Lleva la cuenta de la necesidad de cambio y reabastecimiento. En el interior de la psique, hay vida constante, constante enfrentamiento con la muerte y constante sustitución de ideas, imágenes y energías.

EL REY

El rey representa un tesoro de sabiduría en el mundo subterráneo. Posee la capacidad de sacar la sabiduría interior al mundo exterior y ponerla en práctica sin disimulos, murmullos o disculpas. El rey es el hijo de la madre/vieja. Como ella y probablemente siguiendo su ejemplo, interviene en el mecanismo del proceso vital de la psique: el debilitamiento, la muerte y el regreso de la conciencia. Más adelante, cuando vaga en busca de su reina perdida, experimentará una especie de muerte que lo transformará de un rey civilizado en un rey salvaje. Encontrará a su reina y renacerá. En términos psíquicos eso significa que las antiguas actitudes centrales de la psique morirán cuando la psique adquiera nuevos conocimientos. Las antiguas actitudes serán sustituidas por nuevos o renovados puntos de vista acerca de casi todo lo que constituye la vida de la mujer. En este sentido, el rey simboliza la renovación de las actitudes y leyes dominantes de la psique femenina.

EL MAGO

El mago o brujo que acompaña al rey para interpretar lo que éste ve simboliza la magia directa del poder de la mujer. Cosas como el recuerdo instantáneo, la visión a mil leguas de distancia, la capacidad de oír desde miles de kilómetros o de captar lo que hay detrás de los ojos de un ser -humano o animal- son cualidades propias de lo femenino instintivo. Es el mago quien participa de ellas y quien tradicionalmente ayuda a conservarlas y ponerlas en práctica en el mundo exterior. Aunque el mago también puede ser una maga, aquí es una poderosa figura masculina similar al valeroso hermano de los cuentos de hadas que, por amor a su hermana, es capaz de hacer cualquier cosa para ayudarla. El mago siempre posee un potencial ambivalente. En los sueños y en los cuentos se presenta indistintamente como hombre o como mujer. Puede ser macho, hembra, animal o mineral y cambiar de disfraz con tanta soltura como la vieja, su réplica femenina. En la vida conciente, el mago ayuda a la mujer a convertirse en lo que quiera y a representarse a sí misma como quiera en un momento determinado.

LA REINA MADRE/VIEJA

En este cuento la reina madre/vieja es la madre del rey. Esta figura simboliza muchas cosas, entre ellas la fecundidad, la inmensa capacidad de ver los trucos del depredador y de atemperar las maldiciones. La palabra "fecundidad", que suena como un tambor cuando se pronuncia en voz alta, significa algo más que fertilidad; quiere decir fecundable a la manera en que es fecundable la tierra. Es aquella tierra negra en la que brilla la mica, las negras y peludas raíces y toda la vida anterior, desmenuzada en un aromático mantillo. La palabra "fertilidad" contiene el significado de las semillas, los huevos, los seres y las ideas. La fecundidad es la materia esencial en la que se depositan, preparan, calientan, incuban y guardan las semillas. Es por eso por lo que la vieja madre es designada a menudo con sus nombres más antiguos -Madre Polvo, Madre Tierra, Mam y Ma-, pues ella es el abono que hace nacer las ideas.

EL DEMONIO

En este cuento, la doble naturaleza del alma de la mujer, que la acosa y la sana al mismo tiempo, ha sido sustituida por una sola figura, la del demonio. Tal como ya hemos dicho anteriormente, esta figura del demonio representa al depredador natural de la psique femenina, un aspecto contra natura que se opone al desarrollo de la psique y trata de matar el alma. Es una fuerza separada de su otra faceta, la que da la vida. Una fuerza que se tiene que vencer y reprimir. La figura del demonio no es lo mismo que otra fuente natural de acoso y hostigamiento también presente en la psique femenina y que yo llamo el álter-alma. El álter-alma opone resistencia y es positiva. Aparece a menudo en los sueños femeninos, los cuentos de hadas y los mitos como una figura que cambia constantemente de aspecto y que magnetiza y atormenta a la mujer hasta obligarla a efectuar un descenso que, en condiciones ideales, culmina en una reunión con sus recursos más profundos.

Por consiguiente, en este vergel del mundo subterráneo se va a producir la unión de estas poderosas partes de la psique, tanto masculinas como femeninas. Forman una conjunctio. La palabra procede de la alquimia y significa una más elevada unión transformativa de sustancias dispares. Cuando estos contrarios se frotan conjuntamente se produce la activación de ciertos procesos intrapsíquicos. Actúan como el pedernal que se frota contra la piedra para encender el fuego. A través de la conjunción y la presión de elementos dispares que habitan en el mismo espacio psíquico se produce la energía del alma, la perspicacia y la sabiduría.
La presencia del tipo de conjunctio que se produce en el cuento marca la activación de un lujuriante ciclo de la Vida/Muerte/Vida. Cuando se produce esta insólita y valiosa reunión, sabemos que está a punto de ocurrir una muerte espiritual, que es inminente un matrimonio espiritual y que nacerá una nueva vida. Estos factores predicen lo que va a ocurrir. La conjunctio no es algo que se pueda ir a buscar. Es algo que ocurre como consecuencia de un intenso esfuerzo.
Así pues, envueltas en nuestras vestiduras cubiertas de barro, bajamos por un camino que jamás habíamos visto mientras la señal de la naturaleza salvaje brilla cada vez con más fulgor a través de nosotras. Hay que decir que esta conjunctio requiere una drástica revisión de lo que una ha sido hasta ahora. Si estamos en el vergel y podemos identificar la presencia de estos aspectos psíquicos, ya no hay vuelta atrás, tenemos que seguir adelante.
¿Qué más podemos decir acerca de las peras? Están ahí para las que tienen hambre durante su largo viaje al mundo subterráneo. Tradicionalmente se utilizan distintos frutos para simbolizar el vientre femenino, casi siempre peras, manzanas, higos y melocotones, aunque, por regla general, cualquier objeto que tenga forma exterior e interior y en cuyo centro haya semillas de las que pueda surgir algo vivo -huevos, por ejemplo- puede representar esta capacidad de la "vida dentro de la vida" de lo femenino. Las peras del cuento representan arquetípicamente un estallido de nueva vida, una semilla de un nuevo yo.
En muchos mitos y cuentos de hadas los árboles frutales se encuentran bajo el dominio de la Gran Madre, la vieja Madre Salvaje, y el rey y sus hombres son los mayordomos. Las peras del jardín están numeradas, pues en este proceso transformativo se tienen en cuenta todos los detalles. No es un designio ciego. Todo está registrado y controlado. La vieja Madre Salvaje sabe cuántas sustancias transformativas posee. El rey viene para contar las peras, no en celoso gesto de posesión sino en su afán de descubrir si ha llegado alguien nuevo al mundo subterráneo para comenzar su profundo proceso de iniciación. El mundo del alma siempre espera al principiante y al que vaga sin rumbo.
La pera que se inclina para alimentar a la doncella es como una campana que repica en el vergel del mundo subterráneo, convocando todas las fuerzas y las fuentes, al rey, al mago, al hortelano y, finalmente, a 1a anciana madre; todos corren a saludar, sostener y ayudar a la principiante.
Las figuras santas de todos los tiempos nos aseguran y confirman que, en el transformativo camino abierto ya hay "un lugar preparado para nosotras". Y el destino nos arrastra o nos empuja a este lugar con la ayuda del rastro y la intuición. Todas acabamos llegando al vergel del rey. Tal como debe ser.
En este episodio, los tres atributos masculinos de la psique femenina -el jardinero, el rey y el mago- son los vigilantes que interrogan y prestan su auxilio durante el viaje por el mundo subterráneo donde nada es lo que parece al principio. Cuando el aspecto regio de la psique subterránea femenina averigua que ha habido un cambio en la disposición del vergel, se presenta en compañía del mago de la psique que comprende las cuestiones de los mundos humano y espiritual y sabe distinguir entre los distintos aspectos psíquicos del inconciente.
Así pues, ambos contemplan cómo el espíritu vuelve a vaciar el foso. Tal como ya hemos dicho antes, el foso tiene un significado simbólico similar al del Éstige, el río venenoso en el que las almas de los muertos eran trasladadas desde la tierra de los vivos al país de los muertos. El río no era venenoso para los muertos sino tan sólo para los vivos. Hay que guardarse por tanto de la sensación de descanso y cumplimiento que puede inducir a los seres humanos a pensar que una obra espiritual o la conclusión de un ciclo espiritual es un punto en el que uno se puede detener y dormir para siempre en sus laureles. El foso es un lugar de descanso para los muertos, un cumplimiento al que se llega al término de la vida, pero la mujer viva no puede permanecer mucho tiempo cerca de él, pues se podría adormilar en los ciclos que configuran el alma.
A través de este símbolo del río circular que es el foso el cuento nos advierte de que esta agua no es un agua cualquiera sino un agua especial, Es un agua que marca una frontera como el círculo de tiza que la doncella había trazado para alejar al demonio. Cuando alguien cruza un círculo o penetra en su interior, entra o pasa a través de otro estado de ser y de otro estado de conciencia o ausencia de ella,
Aquí la doncella pasa a través de un estado de inconsciencia reservado a los muertos. No tiene que beber el agua ni vadearla sino cruzar su lecho seco. Puesto que la mujer tiene que atravesar la tierra de los muertos en sentido descendente, a veces se desorienta y cree que morirá para siempre. Pero no es así. Su misión es atravesar la tierra de los muertos como una criatura viva, pues en eso consiste la conciencia.
Por consiguiente, el foso es un símbolo muy importante y el hecho de que el espíritu del cuento lo vacíe nos ayuda a comprender qué tenemos que hacer en nuestro viaje. No tenemos que tendernos a dormir, satisfechas de lo que hemos hecho hasta ahora en nuestra tarea. Tampoco tenemos que arrojarnos al río en un insensato intento de acelerar el proceso. Hay una muerte con "m" minúscula y una Muerte con "M" mayúscula. La que busca la psique en este proceso de los ciclos de la Vida/Muerte/Vida es la muerte por un instante, no La Muerte Eterna.
El mago se acerca al espíritu y a la joven, pero no demasiado. Y pregunta:
-¿Eres de este mundo o no eres de este mundo?
Y la doncella, vestida con los andrajos propios de una criatura despojada de su ego y acompañada por el cuerpo resplandecientemente blanco de un espíritu, le contesta al mago que se encuentra en la tierra de los muertos a pesar de que está viva.
-Antes era del mundo y, sin embargo, no soy de este mundo.
Cuando el rey le pregunta al mago: "¿Es un ser humano o es un espíritu?", el mago le contesta que es ambas cosas.
La críptica respuesta de la doncella, da fe de que ésta pertenece a la tierra de los vivos pero está entrando en la cadencia de la Vida/Muerte/ Vida y, como consecuencia de ello, es un ser humano en fase de descenso y, al mismo tiempo, una sombra de su antiguo yo. Puede vivir en el tiempo del mundo de arriba, pero la obra de la transformación se produce en el mundo subterráneo y ella puede vivir en los dos como La Que Sabe. Todo eso se hace para que ella aprenda y abra el camino que conduce al verdadero yo salvaje.
Para ahondar en el significado del material de la Doncella Manca, he aquí unas cuantas preguntas que ayudarán a las mujeres a comprender sus viajes al mundo subterráneo. Las preguntas están formuladas de tal manera que se pueden contestar tanto individual como colectivamente. La formulación de preguntas crea una luminosa red que se teje cuando las mujeres hablan entre sí, arrojan esta red a su mente colectiva y la sacan llena de relucientes, inertes, estranguladas, fluctuantes y anhelantes formas de sus vidas interiores de mujeres para que todo el mundo las vea y pueda trabajar con ellas.
Cuando se contesta a una pregunta, siguen otras y, para aprender más, respondemos también a las siguientes. He aquí algunas de las preguntas: ¿Cómo se puede vivir diaria y simultáneamente en el mundo exterior y en el subterráneo? ¿Qué hay que hacer para descender al mundo subterráneo por la propia cuenta? ¿Qué circunstancias de la vida ayudan a la mujer a efectuar el descenso? ¿Podemos elegir entre bajar o quedarnos arriba? ¿Qué ayuda espontánea hemos recibido de la naturaleza instintiva durante este período?
Cuando las mujeres (o los hombres) se encuentran en este estado de doble ciudadanía, a veces cometen el error de pensar que lo mejor que se puede hacer es apartarse del mundo exterior con las ineludibles obligaciones y tareas que éste nos impone y que tanta irritación nos causan. Sin embargo, éste no es el mejor camino, pues en tales circunstancias el mundo exterior es la única cuerda atada al tobillo de la mujer que anda sin rumbo y trabaja colgada boca abajo en el mundo subterráneo. Se trata de un período extremadamente importante en el que lo del mundo exterior tiene que desempeñar el papel que le corresponde, creando una tensión y un equilibrio "de otro mundo" que nos ayuden a alcanzar un final positivo.
Por eso vagamos sin rumbo por el camino, preguntándonos -más bien musitando para nuestros adentros, si hemos de ser sinceras- "¿Soy de este mundo o del otro?", y contestando "Soy de los dos". Y pensamos en ello mientras proseguimos nuestra marcha. Una mujer que se encuentra en semejante proceso tiene que pertenecer a ambos mundos. Precisamente el hecho de vagar sin rumbo de esta manera es lo que nos ayuda a vencer los últimos vestigios de resistencia y arrogancia y a acallar las últimas objeciones que pudiéramos poner, pues este tipo de vagabundeo resulta agotador. Pero, al mismo tiempo, este tipo de cansancio nos induce a abandonar finalmente los temores y ambiciones del ego y a aceptar lo que viene. Gracias a ello, nuestra comprensión del período que hemos pasado en las selvas subterráneas será profunda y total.
En el cuento, la segunda pera se inclina para alimentar a la doncella y, puesto que el rey es el hijo de la vieja Madre Salvaje y el vergel le pertenece a ella, la joven está saboreando, en realidad, los frutos de los secretos de la vida y la muerte. Puesto que el fruto es una imagen primordial de los ciclos del florecimiento, el desarrollo, la maduración y el declive, el hecho de comerlo inserta en la iniciada un reloj o cronómetro psíquico que conoce las pautas de la Vida/Muerte/Vida y que, a partir de este instante, suena cuando llega el momento de que muera una cosa e inmediatamente centra su atención en el nacimiento de otra.
¿Cómo encontramos la pera? Sumergiéndonos en los misterios de lo femenino, en los ciclos de la tierra, los insectos, los animales, los pájaros, los árboles, las flores, las estaciones, el fluir de los ríos y los niveles de sus aguas, en el pelaje de los animales, más o menos tupido según las estaciones, en los ciclos de la opacidad y la transparencia de nuestros procesos de individuación y en nuestros ciclos de necesidad y disminución de la sexualidad, en la religión, el ascenso y el descenso.
Comer la pera significa alimentar nuestra profunda hambre de escribir, pintar, esculpir, tejer, soltar nuestro discurso, defender algo, exponer esperanzas, ideas y creaciones que jamás se hayan visto en este mundo. Resulta extremadamente nutritivo volver a integrar en nuestra vida moderna todas las pautas y principios de sensibilidad innata y todos los ciclos que ahora enriquecen nuestra vida.
Ésta es la verdadera naturaleza del árbol psíquico: crece, se nos ofrece, lo usamos, deja semillas de nuevas cosas, nos ama. Tal es el misterio de la Vida/Muerte/Vida. Es una antigua e inquebrantable pauta anterior al agua y la luz. Sabemos que, una vez que se aprenden los ciclos y sus representaciones simbólicas, ya sean éstas la pera, el árbol, el vergel, las fases y períodos de la vida de la mujer, éstos se repiten una y otra vez y siempre de la misma manera. La pauta es la siguiente: En todo este morir hay una inutilidad que, cuando buscamos nuestro camino, se transforma en utilidad. La sabiduría que adquirimos se manifiesta a medida que proseguimos nuestro avance. En todo lo que vive, la pérdida lleva consigo una ganancia. Nuestra tarea es interpretar este ciclo de la Vida/Muerte/Vida, vivirlo con todo el entusiasmo que podamos, aullar como un perro enloquecido cuando ello no sea posible y seguir adelante, pues, al final de nuestro camino, se encuentra la amorosa familia subterránea de la psique que nos acogerá en sus brazos y nos prestará su ayuda.
El rey ayuda a la doncella a vivir mejor en el mundo subterráneo de su tarea. Y es bueno que así sea, pues a veces durante el descenso la mujer se siente no tanto una neófita cuanto un pobre monstruo que se ha escapado involuntariamente del laboratorio del médico loco. Pero desde su privilegiado punto de observación las figuras del mundo subterráneo nos ven como una hermosa forma de vida que trata por todos los medios de seguir adelante. Desde el punto de vista del mundo subterráneo somos una vigorosa llama que golpea contra un cristal oscuro con el propósito de romperlo y alcanzar la libertad. Y todas las fuerzas de nuestro hogar subterráneo corren a nuestro encuentro para sostenernos.
En los relatos antiguos el propósito del descenso de la mujer al mundo subterráneo era el de casarse con el rey (en algunos ritos no había ningún rey y la neófita se casaba probablemente con alguna representación de la Mujer Salvaje del mundo subterráneo) y en este cuento vemos un vestigio de este hecho cuando el rey ve a la doncella y se enamora inmediatamente de ella sin la menor vacilación. La reconoce como suya no a pesar de su carencia de manos y del lamentable estado salvaje en que se encuentra sino precisamente por eso. El tema del profundo desvalimiento en el que la mujer se siente no obstante tan apoyada sigue desarrollándose. Aunque vaguemos sin rumbo, sucias, abandonadas, mancas y medio ciegas, una gran fuerza del Yo nos ama y nos estrecha apretadamente contra su pecho.
Las mujeres que se encuentran en tal estado experimentan a menudo una gran emoción, la misma que experimenta una mujer que encuentra finalmente a un compañero que es justo lo que ella soñaba. Es un momento extraño, un momento paradójico, pues estarnos sobre la tierra y, al mismo tiempo, debajo de ella. Vagamos sin rumbo pero somos amadas. No somos ricas pero nos dan de comer. En términos junguianos dicho estado se denomina la "tensión de los contrarios", en la que algo de cada polo de la psique se multiplica en determinado momento y crea un nuevo territorio. En la psicología freudiana es una "bifurcación", en la que la disposición o actitud esencial de la psique se divide en dos polaridades: blanco y negro, bueno y malo. Entre las cuentistas de mi cultura, este estado se llama nacer dos veces. Es el momento en que se produce un segundo nacimiento a través de una fuente mágica, después del cual el alma se proclama heredera de dos estirpes, una perteneciente al mundo físico y otra al mundo invisible.
El rey dice que la protegerá y la amará. Ahora la psique ya ha alcanzado un mayor grado de conciencia; habrá un matrimonio muy interesante entre el rey vivo de la tierra de los muertos y la mujer manca de la tierra de los vivos. Un matrimonio entre dos seres tan dispares pondría a dura prueba un profundo amor entre dos personas, ¿verdad? Pero este matrimonio guarda relación con todos los picarescos matrimonios de los cuentos de hadas en los que se unen dos vidas muy fuertes pero extremadamente distintas. La cenicienta y el príncipe, la mujer y el oso, la joven y la luna, la doncella foca y el pescador, la doncella del desierto y el coyote. El alma absorbe la sabiduría de cada parte. Eso es lo que significa nacer dos veces.
Tanto en las bodas de los cuentos de hadas como en las del mundo de arriba, el gran amor y la unión entre dos seres distintos puede durar eternamente o sólo hasta que se completa la lección. En la alquimia el matrimonio entre los contrarios significa que muy pronto habrá una muerte y un nacimiento, tal como veremos más adelante en este cuento.
El rey ordena que le hagan a la doncella unas manos espirituales que actuarán en su nombre en el mundo subterráneo. Al llegar a esta fase la mujer adquiere la destreza necesaria para hacer el viaje; su sumisión a él es total, ha recuperado el sentido de la orientación y también la destreza manual. La destreza manual en el mundo subterráneo se adquiere llamando, dirigiendo, consolando y recurriendo a los poderes de este mundo, pero también rechazando los aspectos negativos como la somnolencia y otros parecidos. Si el símbolo de la mano en el mundo de arriba lleva un radar sensorial, la mano simbólica en el mundo subterráneo puede ver en la oscuridad y a través del tiempo.
La idea de sustituir las partes perdidas con extremidades de Plata, oro o madera tiene una larguísima tradición de muchos siglos. En los cuentos de hadas de Europa y de las regiones circumpolares, la orfebrería es el arte de los homunculi, los duendes, los dvergar, los espíritus domésticos, los trasgos y los elfos, que, traducidos en términos psicológicos, son los aspectos elementales del espíritu que habitan en lo más profundo de la psique y extraen de ella valiosas ideas. Todas estas criaturas son unos pequeños psicopompos, es decir, unos mensajeros intermediarios entre la fuerza del alma y los seres humanos. Desde tiempos inmemoriales, los objetos fabricados con metales preciosos se asocian con esos industriosos y a menudo malhumorados huroneros. Es un ejemplo más de la actuación de la psique en nuestro nombre, aunque nosotras no estemos constantemente presentes en los distintos talleres.
Como en todas las cosas del espíritu, las manos de plata están cargadas de historia y misterio. Existen numerosos mitos y cuentos en los que se describe el origen de las mágicas prótesis y se revela quién las formó, quién hizo los moldes, quién las transportó, hizo el vaciado, las dejó enfriar, las pulió y las acopló. En la Grecia clásica, la plata es uno de los metales preciosos de la fragua de Hefesto. Como la doncella, el dios Hefesto fue mutilado en unas circunstancias dramáticas relacionadas con sus progenitores. Es probable que Hefesto y el rey del cuento sean figuras intercambiables. Hefesto y la doncella de las manos de plata son hermanos arquetípicos; ambos tienen unos padres que no comprenden su valor. Cuando nació Hefesto, su padre Zeus exigió que fuera cedido en adopción y su madre Hera accedió a hacerlo, por lo menos hasta que el niño creciera. Después lo devolvió al Olimpo. El joven se había convertido en un platero y orfebre de asombrosa habilidad. Se produjo una discusión entre Zeus y Hera, pues Zeus estaba celoso de su hijo. Hefesto se puso del lado de su madre en la discusión y Zeus arrojó al muchacho al pie del monte, destrozándole las piernas.
El lisiado Hefesto no se dio por vencido y se negó a morir. Encendió la hoguera más grande que jamás hubiera habido en su fragua y se hizo unas piernas de plata y oro de rodillas para abajo. Forjó toda suerte de objetos mágicos y se convirtió en el dios del amor y de la restauración mística. Se podría decir que es el patrón de los objetos y las personas que se desmembran, se rompen, se quiebran, se agrietan, se desportillan y se deforman. Muestra un especial afecto por los que nacen tullidos y por aquellos cuyos corazones o sueños están rotos.
A todos les aplica los remedios que forja en su prodigiosa fragua, reparando, por ejemplo, un corazón con venas de oro puro, fortaleciendo una extremidad lisiada con un revestimiento de plata y otorgándole la mágica capacidad de suplir las deficiencias provocadas por la lesión.
No es una simple casualidad que los tuertos, los cojos, los mancos y todos aquellos que sufren alguna deficiencia física hayan sido apreciados a lo largo del tiempo por su sabiduría especial. Su lesión o deficiencia los obliga a una edad muy temprana a entrar en ciertas partes de la psique normalmente reservadas a los muy ancianos. Y todos ellos se encuentran bajo la amorosa protección de Hefesto, el artesano de la psique. Una vez creó doce doncellas que podían caminar, hablar y conversar y cuyas extremidades eran de oro y plata. Cuenta la leyenda que se enamoró de una de ellas y pidió a los dioses que la convirtieran en un ser humano, pero ésa ya es otra historia.
Recibir unas manos de plata es adquirir las habilidades de las manos espirituales, el toque curativo, la capacidad de ver en la oscuridad y la posesión de una poderosa sabiduría a través de la percepción física. Estas manos encierran en sí toda una médica psíquica, con la que alimentan, remedian y sostienen. Al llegar a esta fase la doncella ya ha adquirido el toque de la curandera herida. Las manos psíquicas le permitirán captar mejor los misterios del mundo subterráneo, pero serán conservadas como un regalo cuando ella finalice su tarea y ascienda de nuevo al mundo de arriba.
En esta fase del descenso suelen producirse unos misteriosos, extraños y curativos actos que no dependen de la voluntad del ego y son el resultado de las manos espirituales, es decir, de un místico vigor curativo. En tiempos antiguos, estas aptitudes místicas correspondían a las ancianas de las aldeas, pero éstas no las adquirían en el momento en que les salían las primeras canas; las iban acumulando a lo largo de muchos años de duro esfuerzo y resistencia. Y en eso estamos también nosotras.
Se podría decir que las manos de plata representan la coronación de la doncella en un nuevo papel. Pero no se trata de la coronación de su cabeza sino del acoplamiento de unas manos de plata a los muñones de sus brazos. Ésta es su coronación como reina del mundo subterráneo. Para aplicar ahora un poco más de paleomitología, recordemos que en la mitología griega Perséfone no sólo era la hija de su madre sino también la reina de la tierra de los muertos.
En otros relatos menos conocidos acerca de ella, Perséfone sufre distintos tormentos como, por ejemplo, permanecer colgada durante tres días del Árbol del Mundo con el fin de redimir las almas que no han sufrido lo bastante como para que sus espíritus adquieran más profundidad. El eco de este Cristo/Crista es perceptible en "La doncella manca". El paralelismo se intensifica si tenemos en cuenta que el significado de los Campos Elíseos, la morada de Perséfone en el mundo subterráneo, es "el país de las manzanas" -alisier es la denominación pre-gala de sorb, manzana- y que la artúrica Avalon también significa lo mismo. La doncella manca está directamente asociada con el manzano en flor.
Se trata de una antigua criptología. Cuando aprendemos a descifrarla, vemos que Perséfone la del país de las manzanas, la doncella manca y el manzano en flor son el mismo habitante de las tierras salvajes. Vemos en ellos que los cuentos de hadas y los mitos nos han dejado un mapa muy claro de los conocimientos y las prácticas del pasado y de nuestra manera de proceder en el presente.
Ahora, al final de la cuarta fatiga de la doncella manca, podríamos decir que el descenso de la doncella ya se ha completado, pues ésta ha sido nombrada reina de la vida y la muerte. Es la mujer lunar que sabe lo que ocurre durante la noche y hasta el sol tiene que pasar por delante de ella en el mundo subterráneo para poder renovarse con vistas al nuevo día. Pero eso todavía no es la lysis, la conclusión. Sólo estamos en el punto central de la transformación, un lugar en el que se nos sostiene amorosamente, pero listas para sumergirnos lentamente en otro abismo. Por consiguiente, tenemos que seguir.