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viernes, 29 de octubre de 2010

la diosa virgen




El aspecto de diosa virgen es esa parte de una mujer que no es poseída o que "no es penetrada" por un hombre, que queda incólume por la necesidad que tiene de un hombre o la de ser validada por él, que existe completamente separada de él por derecho propio.
Quiere decir que una parte de ella es psicológicamente virginal.
Cuando una mujer es "completa-en-sí-misma", hace lo que hace, no por algún deseo de agradar, no para gustar o ser aprobada, ni siquiera por sí misma; no por algún deseo de obtener poder sobre otra persona, para captar su interés o su amor, sino porque lo que hace es verdad. Su acción puede ser efectivamente no convencional. Puede que tenga que decir no, cuando sería más fácil y más adecuado, convencionalmente hablando, decir sí. Pero, como virgen, no está influída por las consideraciones que hacen a la mujer no virgen, casada o no, orientar sus velas y adaptarse a la convivencia.
Si una mujer es completa-en-sí-misma, estará motivada por la necesidad de seguir sus propios valores internos, de hacer lo que tiene sentido para ella o le llena, con independencia de lo que piensen los demás.
Desde un punto de vista psicológico, la diosa virgen es esa parte de una mujer que no ha sido tallada, ni por las expectativas colectivas, sociales y culturales (determinadas por los hombres) de lo que debe ser una mujer, ni por un juicio masculino concreto sobre ella.

martes, 19 de octubre de 2010

kairos y kronos




Cuando el amor es una presencia activa, nos mantenemos concentrados en lo que hacemos y con quienes estamos. El tiempo adopta una naturaleza diferente, y a menudo nos olvidamos de el. Recuerda como transcurría el tiempo al estar enamorados: las horas se sucedían como minutos, los minutos solían parecer horas, el tiempo podía detenerse. Esto ocurre cuando abordamos algo que colma nuestra naturaleza espiritual o anímica.
Los griegos tenían dos palabras para designar el tiempo: kairos y kronos. Cuando formamos parte del tiempo y, por lo tanto, perdemos el sentido de la sucesión cronológica, nos sumimos en el kairos; estamos completamente concentrados en el momento presente, que en realidad puede ocupar muchas horas. Cuando estamos enamorados de una persona o actividad, cuando algo nos absorbe, nos involucra y nos fascina, ingresamos en el kairos. La creatividad que hunde sus raíces en las profundidades permitiendo a la persona convertirse en el espíritu que llevará las palabras, la música o las respuestas, acontece en el kairos, así como la recepción de las palabras o la música que parecen manar de nosotros mismos: "es una música tan profundamente sentida que no es música en absoluto, pero tú eres la música mientras ésta dura".
Kairos es un tiempo que nutre el espíritu. Aquello que acometemos en el kairos nos resulta espiritualmente satisfactorio. Si arranco las malas hierbas y planto flores en primavera, sólo existe la tierra bajo mis rodillas, nada más puebla mi mente; al practicar el submarinismo en las templadas y seguras aguas del Caribe, yo también soy como un pez: mis ojos siguen fácilmente a un hermoso pez, se demoran en los contornos de una formación coralina u observan una nube de pececillos translúcidos. A veces, preparar un guisado en un día frío y neblinoso me transporta al kairos. Casi todo el mundo tiene recursos equivalentes. Si pienso en las personas que conozco, hay quien recurre al bordado, la costura, cortar leña, pescar, arreglar el motor de un coche, tocar el bajo, dibujar e incluso limpiar la casa. Algo que para algunos es una carga onerosa, pesada o aburrida, resultaría feliz y armonioso para otros.
Qué te transporta al kairos? Cuándo pierdes la noción del tiempo? Qué estimula tu espíritu?
Según el parecer de los demás (según sus juicios externos y tal como nos imaginamos éstos), concentrarnos en estas actividades improductivas significa perder un tiempo muy valioso, en lugar de suponer una riqueza en sí mismas. La práctica de aquietar la propia mente es uno de los objetivos de la meditación; constituye la esencia de cualquier actividad espiritualmente estimulante. Cuando hacemos esto, se da una "condición de absoluta sencillez (su precio es incalculable)".
En el kairos, sólo hay momento presente. Para disponer de él hemos de desprendernos de todo lo demás.

La segunda acepción de la palabra tiempo, kronos, hace referencia al tiempo mensurable. Es lo que normalmente queremos decir cuando pensamos en el tiempo. Es el tiempo del calendario, del reloj, de la fecha límite; es un tiempo que medimos y en el cual insertamos nuestras citas; es la agenda sin la cual estamos perdidos; es aquello que siempre nos parece insuficiente para todas las cosas que tenemos que hacer. Lo que nos angustia en clase cuando queremos que termine o que concluya el semestre. Tenemos la palabra cronómetro, un nombre para un tipo de relojes, derivados de chronos; también llamamos así a Chronos o Kronos, el dios griego que devoraba a sus hijos tan pronto nacían. Kronos está simbolizado por un recién nacido que nace el 1 de enero de cada año y acaba como una anciano encorvado el 31 de diciembre; el padre tiempo. Kronos es un tiempo lineal, con el que nos ponemos en deuda con los demás, equiparándolo a menudo con el dinero en la fórmula " El tiempo es oro".

Si sólo trabajas por tu sueldo, si has de estar en algún lugar por obligación pero desearías encontrarte en otro sitio, si da la impresión de que te arrastras por el tiempo en lugar de vivir, la vida cotidiana se convierte en yugo. En cambio si realizas un trabajo que te implica en cuerpo y alma, que es importante para tí y en el que empleas tus aptitudes, entonces no importa lo difícil o exigente que sea, tu trabajo será creativo y te reportará momentos de deleite cuando descubras algo en que no habías caído y de lo que participas activamente. Encontrar ese trabajo es una de las respuestas a la pregunta "Qué tipo de vida hará que me alegre levantarme?".

Sólo tú y nadie más, puede responder a las preguntas formuladas por LeShan. Comprender la noción de kairos frente a kronos es un comienzo, un modo de identificar lo que reporta beneficios espirituales a partir de tu propia experiencia.
Al realizar tareas que son sencillas, creativas, contemplativas y satisfactorias, tal vez recuerdes lo que una vez amaste y procures que tu memoria te muestre otras fuentes de sentido.
En la vida cotidiana, la propia experiencia del kairos produce un efecto de concentración, lo que de hecho nos imbuye de la sensación de estar en armonía con nosotros mismos y de tener un lugar en el universo. Todo aquello que aliente nuestro espíritu y nos abstraiga se da en el kairos. Aquellos que elijamos hacer a partir de un centro interior, el alma o el Sí mismo, tendrá más probabilidades de colmarnos de entusiasmo y exaltación. Al prestar atención al alma, hallamos nuestro giroscopio interno, gracias al cual respondemos sinceramente a lo que nos resulta significativo.
Al advertir que somos seres espirituales en un camino humano, y verdaderamente concebimos la vida como un viaje espiritual, poseemos un conocimiento interior. Esto supone, asimismo, un cambio drástico de perspectiva: pasamos de preocuparnos por lo que piensen de nosotros los proverbiales vecinos a lo que realmente nos importa. Impelidas por las expectativas de los padres, por la necesidad de compensar la baja autoestima, por la interiorización de deberes y responsabilidades, hay personas exitosas que nunca se han preguntado si hacían lo que realmente querían hacer con sus vidas hasta que algo, vino a interumpir su camino.

lunes, 18 de octubre de 2010

el sentido




La emoción y el calor humanos, la compasión que nos viene de los demás y de nosotros mismos, provocan deshielos primaverales en las yermas tierras del invierno. El rechazo y la intransigencia ante la verdad empiezan a romperse como una capa de hielo que se adelgaza, a fin de liberar la vida que tuvimos que sepultar. Bajo la tierra helada, cubiertas de nieve invernal, yacen raíces aletargadas, brotes, semillas que necesitan del sol y la lluvia, que son como el florecimiento potencial de afirmar la vida, enterradas y olvidadas en la mente. Es el amor el que nos vuelve a unir al espíritu, al trabajo y a nuestros allegados espirituales; es al amor por lo que hacemos y el amor por quienes nos rodean lo que nos concede la certeza de tener un lugar en el universo, el sentido de la pertenencia. El amor nos conduce hacia cuanto nos procura felicidad y armonía, finalidad y sentido.

sábado, 16 de octubre de 2010

ánimo




Carl Gustav Jung introdujo el concepto de arquetipos en la psicología. Son predisposiciones innatas que afectan a la personalidad, las relaciones y el trabajo. Cuando la vida parece dura y sin sentido, y nos da la impresión de que el modo en que vivimos está fundamentalmente equivocado, probablemente hay discrepancias entre los arquetipos que nos habitan y los roles visibles, entre el estrato superficial y nuestra esencia y modo de sentir internos. Me sentí atraída por los dioses y diosas griegos como medio para describir esos patrones internos. Vivir una vida auténtica, hallarle un sentido y hacernos con un mito personal son elementos que están vinculados con el estrato arquetípico de la mente. Las respuestas a las preguntas de LeShan se encuentran cuando descubrimos estas fuentes arquetípicas de sentido. Pero no es necesario que conozcas los nombres de tus arquetipos o que le pongas un título: tu verdad es tu mito. Ahí es donde tú encuentras la armonía y la felicidad.

La armonía consiste en recorrer el camino adecuado y ser uno con él: desarrollar una vida apasionada y coherente con valores personales, hacer aquello para lo que se está naturalmente dotado. La armonía consiste en permanecer con nuestra pareja, amigos o en soledad, con animales o inmersos en la naturaleza, en una ciudad, país o lugar concretos, y que nos embargue la impresión de que estamos en el lugar que nos pertenece. La armonía consiste en experimentar una gran aflicción que corresponde a una inmensa pérdida. La armonía es una espontaneidad natural, deshinibida; la inmediatez de la risa, la irrupción del llanto. La armonía se da cuando el comportamiento y la creencia caminan juntos, cuando la vida arquetípica y la vida exterior se reflejan mutuamente y nos mantenemos fieles a nosotros mismos. Lo único que podemos expresar es : "me siento en casa", "lo que hago me tiene completamente absorbido", "me hace feliz", "te quiero", "esto es la felicidad".

La felicidad y el regocijo nos invaden en los momentos en que habitamos nuestra verdad más alta, momentos en los que todo lo que hacemos es coherente con las profundidades arquetípicas. Es cuando nos mostramos más sinceros y confiados y somos conscientes de que todo lo que abordemos, por trivial que parezca, es sin embargo, sagrado. Cuando advertimos que formamos parte de algo divino que nos incluye y está en nosotros.

viernes, 15 de octubre de 2010

encontrar tu mito




Las preguntas de LeShan me recuerdan a la respuesta de Joseph Campbell a un joven del público que le había escuchado hablar de la necesidad de encontrar nuestro propio mito. Pues encontrar el propio mito y hallar respuesta a las preguntas de LeShan constituyen variaciones de un mismo tema: descubrir quiénes somos y vivir de acuerdo con esa verdad.

Aquel hombre le preguntó a Campbell: ¿Cómo puede alguien encontrar su propio mito?
Campbell respondió a su vez con una pregunta:
¿Cuál es su sentido más profundo de la armonía y la felicidad?
No lo sé, no estoy seguro, respondió.
Encuéntrelo, dijo Campbell, y viva de acuerdo con él.

Campbell ha sido muy citado y a veces criticado por decir: Dedícate a tu felicidad, por personas que no comprenderían qué quería decir aquello. Lejos de pasar irresponsablemente de un placer hedonista a otro, era un consejo para alcanzar idealmente un compromiso vital, como hizo Campbell al consagrarse a su amor por la mitología.
Las respuestas a las preguntas de LeShan y la respuesta de Campbell al joven están relacionadas con aquello que te otorga tu más profundo sentido de la armonía y la felicidad, que guarda relación con el alma. Psicológicamente, hay armonía y felicidad cuando aquello que eres y haces es una expresión personal de un patrón arquetípico a través del que se expresa el Sí mismo. Te concentras, tienes la sensación de ser tú mismo; habitas momentos sagrados y tu vida tiene sentido.

miércoles, 7 de octubre de 2009

inanna desciende al inframundo II




Cuando Inanna partió para el inframundo, su leal amiga Ninshubur la acompañó hasta la primera puerta y recibió sus instrucciones. Tenía que esperar allí hasta que Inanna regresara y si no lo hacía en los siguientes tres días con sus noches, su supervivencia dependería de ella. Ninshubur, la tercera mujer que aparece en la historia del descenso, se presenta como la fiel servidora de Inanna, su escudera competente y digna de confianza, a un tiempo guerrera y general, mensajera y consejera.

Transcurridos tres días y tres noches, y como Inanna no regresaba, porque ahora yacía colgada de un gancho en el inframundo y se había convertido en un amasijo de carne en descomposición, la leal Ninshubur siguió sus instrucciones meticulosamente.
Para que todos se enteraran, elevó quejumbrosas endechas, tocó el tambor en las asambleas y fue a pedir ayuda a los dioses primigenios. Se posternó ante cada unode ellos , diciendo: “No dejes que tu hija Inanna perezca en el inframundo”.
Los dos primeros dioses a los que acudió no quisieron que los apuros de Inanna les turbaran y reaccionaron airados ante la sola petición de ayuda.
El tercer dios se sintió afligido y confuso, quiso escuchar lo que le había ocurrido a Inanna y actuó de inmediato, de un modo curioso. Se limpió la parte inferior de la uñas y extrajo mugre y las virutas o lo que allí hubiera y modeló dos pequeñas criaturas. Carecían de sexo y podían volar y atravesar, inadvertidas, las siete puertas, colándose por diminutas grietas; eran demasiado pequeñas como para ser descubiertas, acaso del tamaño de moscas. El dios entregó a una de ellas unas gotas de néctar de la vida; a la otra le dio unas migajas de ambrosía. Les advirtió que encontrarían a Ereshkigal lamentando su dolor, “gritando como una mujer dando a luz”, desnuda, con los pechos descubiertos y el cabello enmarañado y que debían responder compasivamente a esos lamentos.
Cada vez que Ereshkigal aullaba de dolor: “¡Ay, mis entrañas!”, las criaturas aullaban: “¡Ay, tus entrañas!”. Cada vez que gritaba: “¡Ay, mi piel!”, ellas repondían “¡Ay, tu piel!”. Cuando vociferó: “¡Ay, mi espalda! ¡Ay, mi vientre! ¡Ay, mi corazón! ¡Ay, mi pecho!”, ellas replicaron aullando, gimiendo y suspirando con una extraordinaria virulencia y al hacerlo presenciaron y compartieron su dolor, hasta que por último éste se desvaneció y partir de ese momento Ereshkigal dejó de ser la diosa iracunda y lúgubre cuya sola visión ocasionaba la muerte. Por el contrario, ahora se mostró agradecida y generosa.
Los agasajó con magníficos presentes; ante cada uno ellos respondían: “No es esto lo que deseamos”, hasta que ella se rindió y dijo: “Entonces, decidme ¿qué es lo que queréis?”. Replicaron que se llevarían “el cadáver que cuelga de un gancho en el muro”.
La agradecida Ereshkigal les entregó el cadáver en descomposición que había sido Inanna.
Uno de los emisarios vertió las gotas de agua de la vida en sus labios muertos; el otro le hizo ingerir las migajas de ambrosía. Así Inanna se levantó de entre los muertos, dispuesta a abandonar el Hades y regresar al empíreo.

Sin embargo, tal como le dijeron los jueces del Hades: “Nadie regresa del inframundo sin estigmas”.

Al volver a la vida, la resucitada Inanna ascendió al mundo superior lastrada por los demonios que se adhirieron a ella, prestos a saltar y reclamar a quien señalara para volver con ellos y ocupar su lugar en el inframundo.
La primera persona con la que se encontraron fue la fiel Ninshubur, vestida de arpillera. Los demonios dijeron: “Vamos, Inanna, nos llevaremos a Ninshubur en tu lugar”. Inanna replicó: “¡No, Ninshubur es mi firme aliada!”. En primer lugar describió su sabiduría y sus virtudes marciales. Luego enumeró cuanto había hecho por ayudarla y por último espetó a los demonios: “He vuelto a la vida gracias a ella. Jamás os entregaré a Ninshubur”.
A continuación, Inanna y los demonios encontraroa sus hijos Shara y Lulal. Ambos vestían de arpillera y estaban de luto por su madre. Los demonios se dispusieron a llevarse ora a uno, ora al otro. Inanna les explicó quiénes eran y que no renunciaría a ellos. Por último, llegaron a su ciudad y allí encontraron a su marido, Dumazi, vistiendo magníficos atavíos y sentado en el trono ( desde luego, no estaba de luto por su esposa).

Inanna clavó en Dumazi la mirada de la muerte.
Pronunció en su contra la palabra de la ira.
Profirió contra él el grito de la culpa: ¡Lleváoslo!¡Llevaos a Dumazi!

martes, 6 de octubre de 2009

inanna desciende al inframundo I




Inanna era la reina del Cielo y de la Tierra.
Atendiendo a las noticias de que su hermana, la diosa Ereshkigal, reina del Inframundo, sufría grandes dolores, decidió visitarla.
Inanna suponía erróneamente que bajar a su mundo era una fácil empresa. Sin embargo, descubrió que el poder y la autoridad que detentaba en la superficie de la tierra no ejercía influencia alguna en el trato que recibiría en el inframundo.
Inanna llamó imperiosamente a la puerta de los infiernos pidiendo que le abrieran.
El cancerbero le preguntó quién era, y a continuación le dijo que para pasar debía pagar un precio.
Siete eran las puertas, no una sola. En cada una de ellas, el cancerbero le pidió que,
si quería atravesarlas, tendría que desprenderse de una prenda de vestir.
En cada ocasión, Inanna, sorprendida por semejante procedimiento, replicó indignada:
¿Qué significa ésto?
En cada ocasión, recibió la siguiente respuesta:
"Silencio, Inanna, pues los designios del inframundo son perfectos.
No han de ponerse en duda."

Tuvo que despojarse de su magnífico tocado, la corona que representaba su autoridad, en la primera puerta.
El collar de lapislázuli le fue arrebatado en la segunda puerta y hubo de desprenderse de la doble hilera de ricas perlas que orlaba su busto en la tercera.
Quedó desnuda de su peto en la cuarta y de su brazalete de oro en la quinta.
En la séptima puerta se desprendió de su túnica regia.
Desnuda y humillada, entró en el inframundo.
Una y otra vez, en cada puerta, la despojaban de símbolos de poder, prestigio, riqueza y abolengo.
Una y otra vez, en cada puerta, el abandono de cada uno de los elementos de su vestuario era acogido con sorpresa.
Una y otra vez decía: ¿Qué significa ésto?
y recibía como respuesta:
"Silencio, Inanna, pues los designios del inframundo son perfectos.
No han de ponerse en duda."

Inanna estaba desnuda y cabizbaja cuando penetró en el inframundo; en su descenso había sido humillada y desprovista de sus atributos, pero la ordalía aún no había concluido.
Cuando se presentó ante Ereshkigal, la reina del inframundo no se mostró complacida con la visita.
Llena de ira y condena, Ereshkigal contempló a Inanna con los lúgubres ojos de la muerte y ésta cayó fulminada.
Entonces colgaron el cuerpo de Inanna en un gancho y tres días más tarde empezó a descomponerse y se convirtió en un montón de carne putrefacta.